
Debo reconocer que de no haber sido por la insistencia de un buen amigo, esos que a estas alturas de la vida, escasean, jamás me hubiera atrevido a escribir esta historia. Mis disculpas a los osados que se atrevan a leerlo. Mi historia conjunta con la medicina pública o más bien con la Tesorería General de la Seguridad Social comienza 32 años, dos meses y veinte días atrás y con la sanidad pública hace tan solo un año y veintidós días. Durante el periodo de 31 años y pico que los separa nunca tuve necesidad de poner a prueba mis “inversiones”, es decir, no utilice los servicios ni estuve nunca en situación de I.L.T. Todo ello por varias razones: salud excelente, seguro privado de medicina, controles periódicos, debido a mi profesión, piloto... De repente, como suele ocurrir, en el 2008 me tengo que enfrentar con una grave dolencia.
Diagnosticada con rapidez y acierto por un brillante médico que no precisa ni mis halagos ni publicidad. Una vez asumido, controlado y tratado adecuadamente, reinicio mi andadura soportando con dignidad muchos inconvenientes pero sabiendo que ninguno de ellos “mata”, simplemente es “crónico.
En mayo del 2009 recuerdo que como buena “hormiguita” previsora, 25 años atrás decidí constituir un seguro que cubría la posibilidad de de perder la capacidad para el desarrollo de la profesión habitual. En esa tesitura y ya que mi enfermedad era excluyente para mi profesión, inicio los trámites administrativos para recuperar ese seguro. ¡Bendita “letra pequeña”! Descubro que es imprescindible que el INSS dictamine mi incapacidad permanente total para la profesión habitual. ¡Horror! Se me aparecen todos los fantasmas, colas interminables, tribunal médico, trato hostil, etc. etc.
La verdad, resultó ser todo lo contrario: agilidad, trato exquisito, eficiencia impresionante y yo tantos años ignorando la medicina pública. Gracias. Hasta aquí las luces, pero como vivimos en un mundo imperfecto, obviamente aparecieron las sombras. Consecuencia de todo lo anterior, decido intentar trabajar donde quiero vivir y no vivir donde trabajo. Así pues, el pasado mes de enero me incorpore a una “gran empresa”. Al menos eso creía. Pasan los meses y desafortunadamente, mi querida enfermedad crónica, vuelve a dar señales de vida lo que conlleva una modificación en el tratamiento, así como un control más exhaustivo.
En contacto con mi “gran empresa” y a la vista del trato que recibo no me queda más remedio que acudir por primera vez en mi vida a mi médico de Atención Primaria. Otro gran descubrimiento lleno de luz, aportando sabiduría especialmente a mis efectos colaterales. Consecuencia de sus análisis: obviamente, determina mi situación de I.L.T. Entonces aparecen “los reyezuelos de la oscuridad” uno, desde su atalaya empresarial se dedica a sembrar dudas sobre la veracidad de mi situación, el otro amparado en su posición y escondido tras una Ley del año 1997 a ejercer su mando. Ambos conjurados deciden intentar desvirtuar la calidad del Servicio Público de Salud. Consecuencia de esto durante un periodo de 44 días: me someten a once actos de comprobación ante inspección médica, mutua laboral, asistencia primaria... Aquí me tienen recopilando expedientes, análisis clínicos, informes con cincuenta fotocopias cada vez y todo en vano.
Así púes todos los exabruptos lanzados a sus huestes tales como, “se va a enterar este”…”quiero una revisión en profundidad”… “no te preocupes nos lo calzaremos”… de nada sirvieron entre otras porque sus “huestes” son mucho más profesionales que ellos. En fin, sería tremendamente injusto que las sombras prevalecieran, así púes ignorémoslas. Hoy gracias a Dios, me siento doblemente afortunado. Por un lado, la garantía de estar en las mejores manos, gracias José Luís, y además sé que mi ángel de la guarda de la sanidad pública también me cuida. Gracias, María. Al otro Joan y también a Joaquín mi gratitud, un mundo sin mezquindades seria irreal.
P.D. Querido Joan C. creí que tu recomendación era fruto de tu cariño, hoy he descubierto que era terapia según el American Journal of Gastroenterology: “El ejercicio de la escritura emocional ha obtenido resultados positivos en el tratamiento del síndrome del intestino irritable”.
José María, alguien a quien conoces mucho me mandó esta página y estoy muy agradecido por ello!
Solo decirte que lamentablemente yo tb pasé por lo que tu acabas de pasar aunque fueran dolencias distintas.
Ahora te pido que escribas un poco de tus memorias que serán a no dudar un magnífico best seller. Tu sabes y nosotros lo intuimos que no puedes decir toda la verdad pero inténtalo! Sin mentiras, sin necesidad de inventar nada, omite solo aquello que tenga nombre y apellidos y no merezca ser lapidado, pero que si lo merece, adelante! te ayudaremos a avergonzarlo! Un abrazo no muy fuerte. Rafa.
Le de no muy fuerte es para no hacerte daño, ya sabes que "estoy hecho un mulo"
Y te recuerdo que para mi siempre serás "EL AMO"
Y ya no necesito hacerte la pelota! jejejejeje.