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Casi la mitad de las mujeres con Artritis Reumatoide se ven obligadas a dejar de trabajar a causa de la enfermedad

Casi la mitad de las mujeres con Artritis Reumatoide se ven obligadas a dejar de trabajar a causa de la enfermedad
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Un movimiento tan sencillo como hacer un clic con el ratón del ordenador puede convertirse en una tarea difícil y dolorosa para las personas que sufren Artritis Reumatoide (AR), una enfermedad autoinmune, crónica y altamente discapacitante que afecta a 250.000 personas en nuestro país y, en mayor medida, a la población femenina.

De hecho, por cada tres mujeres que sufren AR sólo es diagnosticado un hombre. Además, debido a que el sexo femenino tiene una esperanza de vida superior al masculino, se padece la enfermedad durante un mayor periodo de tiempo, a pesar de que estas personas viven una media de 10 años menos a causa de la dolencia.

Debido a la incapacidad progresiva que provoca la AR, entre el 25 y el 50 por ciento de las mujeres que la padecen se ven obligadas a dejar sus puestos de trabajo a los 10 años desde el inicio de la enfermedad. En este sentido, más del 30 por ciento del coste anual del paciente con AR en España (9.944€), se corresponde con la pérdida de productividad laboral.

La Artritis Reumatoide provoca un enorme deterioro de la calidad de vida del paciente, que repercute también en su familia y en todo su entorno. Para minimizar el impacto de la enfermedad y evitar que se produzcan daños irreversibles, es fundamental que sea detectada en los estadios más tempranos posibles y que el paciente inicie rápidamente un tratamiento adecuado.

Los nuevos fármacos biológicos han conseguido que se pueda tener un mayor control de los síntomas de la enfermedad, y en un gran número de casos han logrado detener la progresión, lo que conlleva la posibilidad de recuperar parte de la normalidad en las actividades cotidianas y mejorar la calidad de vida de los pacientes con Artritis Reumatoide.

Según Nuria Peinado, terapeuta ocupacional y miembro del Comité Científico de la Coordinadora Nacional de Artritis (ConArtritis), “el desarrollo de nuevos tratamientos para la AR ha permitido que la evolución de la enfermedad no sea tan agresiva como en el pasado. Pero además de un correcto abordaje farmacológico, es importante que el paciente aprenda a convivir con su enfermedad y asuma hábitos y estilos de vida saludables”.

Las dificultades del día a día

Las barreras con las que se encuentra un paciente con AR no se limitan sólo a las tareas cotidianas que deben dejar de realizar. “Existe una barrera psicológica muy grande que los propios enfermos nos creamos. Ante un primer trabajo, surgen dudas sobre si debemos decir u ocultar que padecemos esta dolencia. También tenemos incertidumbre sobre si podremos llevar a cabo las tareas con normalidad o simplemente si seremos seleccionados sabiendo que en algún momento de nuestra vida podremos tener alguna limitación”, explica Laly Alcaide, secretaria ejecutiva de ConArtritis.

Pero sin duda, el gran obstáculo con el que se enfrentan las personas que padecen AR es el desconocimiento que la sociedad tiene sobre esta enfermedad. Este hecho, unido a que si el paciente no se encuentra en un estadio muy avanzado de la enfermedad el deterioro físico no es evidente a simple vista, hace que exista una gran incomprensión hacia estas personas, sobre todo en el entorno laboral.

“A menudo, las personas con AR deben adaptar su carrera profesional a las limitaciones impuestas por la enfermedad y, en ocasiones, abandonar su puesto de trabajo porque ya no pueden realizar tareas que antes desempeñaban fácilmente”, apunta Nuria Peinado. “En lo que respecta al entorno doméstico, los pacientes deben asumir también importantes cambios que van desde las labores del hogar, el cuidado de los hijos o incluso el aseo personal”.

Nuevas opciones de tratamiento Para Laly Alcaide, “los pacientes tratados con fármacos biológicos experimentan un gran cambio, ya que se reduce el dolor y la inflamación, por lo que se gana en calidad de vida. Pero la mejora psicológica es también enorme, puesto que el hecho de ver controlada la enfermedad y que se puedan realizar un mayor número de actividades sin esfuerzo y dolor, hace que nos enfrentemos a ella de una forma más positiva”. Por este motivo, un diagnóstico precoz y un tratamiento temprano con este tipo de fármacos hacen que la enfermedad se ralentice, llegando incluso a la remisión, y que las pacientes puedan llevar a cabo su trabajo de forma casi totalmente normalizada. El hecho de que remita la enfermedad no significa que ésta desaparezca, sino que con el tratamiento adecuado, sus signos y síntomas se minimizan hasta incluso ser imperceptibles.

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