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Dejar los fármacos antiácido aumenta el riesgo de trastornos asociados a la acidez

Dejar los fármacos antiácido aumenta el riesgo de trastornos asociados a la acidez
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El tratamiento con fármacos inhibidores de la bomba de protones (IBP) durante ocho semanas induce síntomas asociados con la acidez como el ardor de estómago, la regurgitación ácida y la dispepsia una vez que los individuos sanos dejan de tomarlos, según un estudio de la Universidad de Copenhague en Dinamarca que se publica en la revista 'Gastroenterology'.

Según explica Christina Reimer, directora del estudio, "la observación de que más del 40 por ciento de los voluntarios sanos, que nunca habían tenido acidez, regurgitación o dispepsia, desarrollan estos síntomas semanas después de dejar los IBP tiene importantes implicaciones clínicas y económicas".

Reimer añade que el estudio indica aspectos no reconocidos hasta el momento en la discontinuación del tratamiento con estos fármacos y que constituyen un fenómeno que necesita ser investigado en poblaciones adecuadas de pacientes.

El uso de estos fármacos para síntomas y trastornos asociados a la acidez es amplio y está en aumento. Aunque la incidencia de nuevos pacientes tratados con los fármacos es estable, la prevalencia de los que siguen con la terapia a largo plazo es creciente por razones aún desconocidas. Los estudios indican que hasta el 33 por ciento de quienes inician un tratamiento con estos fármacos continúan con él sin una indicación obvia para mantener la terapia.

En el estudio se incluyeron 120 participantes sanos que fueron incluidos de forma aleatoria durante 12 semanas en un grupo que tomaba placebo y otro al que se administraba 40 miligramos de esomeprazol y cuatro semanas posteriores de placebo. Cada semana los participantes rellenaban una encuesta estándar sobre síntomas gastrointestinales.

Según los investigadores, los síntomas observados en el ensayo causaban malestar entre suave y moderado y aparecían en la mayoría de individuos en las primeras dos semanas después de dejar el fármaco. Aunque no se descubrieron diferencias significativas entre los grupos al inicio del estudio, las encuestas mostraban un aumento de los síntomas gastrointestinales en el grupo que tomaba el fármaco en las semanas 10, 11 y 12.

Los resultados muestran que el 44 por ciento del grupo que tomaba el fármaco informó al menos una vez de síntomas asociados a la acidez en las semanas 9 a 12 en comparación con el 15 por ciento del grupo que tomaba placebo. La proporción de aquellos que decían sentir dispepsia, acidez o regurgitación en el grupo del fármaco era del 22 por ciento en la semana 10, igual que en la semana 11 y del 21 por ciento en la 12. En el caso del grupo de placebo estos porcentajes eran del 7, el 5 y el 2 por ciento respectivamente.

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