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El sol da la salud...pero también la quita

El sol da la salud...pero también la quita
Juan Riera Roca

Desde siempre el ser humano ha tenido una relación ambigua con el sol. Hace menos de un siglo uno de los factores determinantes de la belleza de una mujer era la blancura de su piel, probablemente porque el bronceado se asociaba al duro trabajo de los campesinos al aire libre. Desde hace décadas, sin embargo, la cosa cambia.

Mucha gente no concibe su imagen si no es con una piel bronceada. Ala furia de aprovechar cada minuto de sol desde que nace la primavera hasta que muere el otoño se ha sumado la moda de tomar los rayos uva en instalaciones especiales para mantenerse morenos también durante los meses de invierno sin sol.

Pero al mismo tiempo los especialistas sanitarios no dejan de advertir, año tras año, de los peligros de demasiado sol y de recordar que si el sol da salud, también la quita. El astro rey es un amigo peligroso. Sus rayos activan la producción de vitaminas, pero pueden ocasionar desde problemas leves a enfermedades graves.

Hasta el punto que se ha cuestionado si realmente es sano tomar el sol. Y es que aunque la exposición al sol es la fuente principal de vitamina D, también puede causar la mayoría de los tumores de la piel. Investigadores noruegos y de EEUU lo han investigado a fondo y han comenzado por determinar varios elementos.

En primer lugar, que es la propia vitamina D la que protege de cánceres internos y otras enfermedades. Pero también que la amenaza del melanoma desaconseja tomar el sol a menudo. Un equipo coordinado por Johan Moan, del Instituto de Investigación Oncológica de Montebello, en Noruega, ha hecho ciertos descubrimientos.

Resulta que la media de vitamina D del ser humano varía según el punto del mundo donde vive: es 3,4 y 4,8 veces mayor por año en la zona ecuatorial en comparación con el Reino Unido y Escandinavia, respectivamente. Y han visto que los tumores internos son más comunes en el norte que en el sur.

Todo esto aparece en un estudio publicado en 2008, en el que se observan diferentes grados de latitud de todas las principales formas de cáncer de piel en poblaciones con tipos similares de piel, por lo que se cree que la exposición al sol puede tener más ventajas que inconvenientes para la salud, según ha informado la prensa sanitaria, resumiendo el trabajo.

"Una parte significativa de los melanomas malignos cutáneos se producen debido a la exposición al sol, pero las tasas de incidencia se reducen según desciende la latitud de la zona geográfica", dice el científico. Sin embargo, advierten los estudiosos que debido a los largos periodos de latencia del cáncer, habrá que esperar.

Serán necesarios muchos más años de investigación y análisis para determinar la incidencia de las campañas de prevención del melanoma por exceso de exposición. De modo que por el momento, aunque miremos con algo más de simpatía al sol, debemos tomar precauciones cuando nos expongamos, como siempre se aconseja.

En este sentido son interesantes los consejos de la Asociación para el Autocuidado de la Salud, cuyos especialistas recuerdan que el sol incide sobre el organismo a través de múltiples propiedades beneficiosas como la formación de la vitamina D o aportando beneficios terapéuticos en diversas enfermedades como la osteoporosis.

Pero que una exposición prolongada e inadecuada a sus radiaciones puede provocar desde lesiones leves en la piel, como quemaduras, irritaciones o alergias, un envejecimiento cutáneo prematuro u otras patologías más graves como, por ejemplo, el cáncer de piel. Muchas personas que sufren las condiciones nocivas del sol.

Y ello es debido a la falta de protección ante las exposiciones. Rafael García Gutiérrez, director general de la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp) advierte de que, a pesar de las creencias populares, “el bronceado es también un signo de daño y repercute en el envejecimiento cutáneo de la dermis”.

Ante las agresiones del sol, el cuerpo se proteger desde mediante la formación de melanina (bronceado) y la secreción de sudor, hasta el aumento de grosor de la piel, que impide de forma más eficaz la penetración de los rayos del sol. Pero es alta la facilidad con la que pueden presentarse problemas cutáneos.

Y su gravedad, depende de factores como el tipo de radiaciones solares, el tipo de piel en cada persona y el grado de protección empleado. Dentro de las radiaciones solares, las más perjudiciales para la piel son las ultravioleta, que, a su vez, se pueden dividir en tres subtipos que permiten clasificarlas mejor:

UVA: Es la responsable de la pigmentación inmediata de la piel (proceso de bronceado). Penetra menos profundamente en ella y puede provocar eritemas, enrojecimiento, manchas y envejecimiento cutáneo, ya que destruye el colágeno, un componente de la piel que le aporta elasticidad, dicen los expertos.

UVB: Su radiación posee mayor energía y es muy dañina, pero es parcialmente absorbida por la capa de ozono y las nubes. Además de quemaduras, puede provocar un aumento del grosor cutáneo y melanoma (cáncer de piel).

UVC: Sus radiaciones son las más agresivas, pero afortunadamente no llegan a traspasar el ozono.

Cada año se producen cerca de 10 millones de consultas relacionadas con la piel en las farmacias. No obstante, la mayoría de éstas suelen producirse una vez ha surgido ya algún problema cutáneo. “Lo que hay que hacer es informarse previamente, antes de tomar el sol, de los consejos básicos a seguir”, dice el experto.

Entre estos consejos, tal vez el más importante sea qué protector solar es el más adecuado para cada tipo de piel. Los protectores solares son productos cosméticos que evitan las quemaduras causadas por la exposición al sol. Basados en el empleo de filtros físicos que desvían las radiaciones solares para evitar que penetren.

Los filtros químicos, absorben estas radiaciones para transformarlas en energía que no resulte nociva para la piel. Los protectores solares se clasifican según su factor de protección. Por eso, desde Anefp se recomienda utilizar siempre un protector solar acorde a nuestro fototipo de piel. Existen seis tipos diferentes. Se clasifican en función del grado de agresión que es capaz de soportar la dermis. El consejo del farmacéutico es el mejor camino para evitar problemas.

Acuda a la oficina de farmacia de confianza, en su barrio, y pregunte. Siga el tratamiento que le indicará el farmacéutico y disfrutará de un verano feliz. Los farmacéuticos recomiendan que durante la exposición al sol hay que evitar tomar el sol, o aumentar la protección entre las 12 de la mañana y las 4 de la tarde en zonas de gran altitud y en lugares próximos al Ecuador. El agua, la nieve y la arena reflejan los rayos solares, aumentando los efectos sobre la piel.

Pueden producirse quemaduras incluso a la sombra. En las primeras horas de exposición hay que emplear una protección más alta, y hay que seguir protegiéndose aunque la piel esté bronceada. Extremar las precauciones en las partes más sensibles del cuerpo como son cara, cuello, escote, orejas, empeine y calva. Sin olvidar proteger también los ojos con gafas de sol y los labios. Hay que utilizar el fotoprotector incluso en días nublados y beber líquido en abundancia para compensar la pérdida que se produce. Aplicar 3l fotoprotector cada 2 horas y siempre después del baño y de excesiva sudación. Tras la exposición, hidratar la piel.

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