
El Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB) ha dado una vuelta de tuerca más al peliagudo proyecto de Son Espases. El nuevo hospital de referencia de Baleares, que verá la luz antes de que finalice la reciente legislatura, ha tenido, tiene y tendrá que superar todo tipo de trabas, obstáculos y palos en las ruedas hasta que al fin se convierta en referente de la sanidad pública de nuestra Comunidad. Pero para que las autoridades corten la cinta e inauguren el centro y los usuarios se beneficien de él, parece que tocará superar un terreno pantanoso (y de valor arqueológico, claro) que no será en absoluto un camino de rosas. De momento, el TSJB ha instado a paralizar cautelarmente las obras hasta que se dirima el recurso presentado por los vecinos de Secar de La Real y la Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón contra la modificación del PGOU de Palma que posibilitó el cambio de la calificación urbanística de los terrenos de Son Espases para su edificación. A ambos colectivos les ha faltado tiempo para aplaudir la resolución: ‘es una decisión lógica’, dixit. Todo un esperpento surrealista ante el interés general de dicha construcción. El auto del alto tribunal choca directamente con toda una necesidad imperiosa como es la modernización y sustitución del centro más obsoleto y sobresaturado de nuestro archipiélago. Los cincuenta años del actual Son Dureta no esconden un complejo sanitario arcaico, repleto de deficiencias propias de sus décadas de vida, que impacienta a pacientes y profesionales día tras día y que carece de equipos médicos y tecnología punta. Justamente todo lo que sí ofrecerá el Son Dureta II o Son Espases. Los dimes y dirites y las acusaciones mutuas entre el Govern y la oposición carecen de sentido ahora mismo. Toca dejar de lado de quién es la culpa, si se hizo bien o no tanto la selección del solar como su tramitación, si quienes sostenían la pancarta en su contra sólo retrasaron los trabajos para finalmente acatar su construcción cuando gobernaban... o si el futuro de los accesos aún no se ha solucionado. Ahora todo eso queda en un relativo segundo plano, porque nos encontramos en la fase decisiva para que en octubre de 2010 Son Espases sea una realidad palpable. Toda la clase política debe remar hacia el mismo lado. Por fortuna y si obviamos el ‘y tú más’ de algunos políticos, Vicenç Thomàs, conseller de Salut, ha sido contundente, responsable y ha estado a la altura de su cargo al garantizar que las obras continuarán. Por tanto, Son Espases ni está enfermo, ni en coma, ni en la UCI. Símiles sanitarios aparte, los trabajos continúan porque ahora lo que prima es la urgencia real de unos ciudadanos que merecen la mejor sanidad pública posible. La apuesta del Govern de Antich por Son Espases, presentando un recurso de súplica, es una gran noticia ante tal culebrón sanitario. El nuevo hospital bien merece la publicación de un libro para explicar por capítulos todo lo que se ha hecho mal. Sin ánimo de atentar contra nuestra cultura, contra las raíces arqueológicas y nuestro legado, el Son Dureta II prevalece en este momento. También sobre cualquier escollo burocrático-judicial. Simplemente, por sentido común y sin perder ni un segundo, porque la cuenta atrás para octubre de 2010 hace mucho tiempo que arrancó.