Salut i Força

Primer periódico de divulgación sanitaria independiente de las Islas Baleares

Prosas Lazarianas

Prosas Lazarianas
Dr. Miguel Lázaro
Psiquiatra
¿El doctor Montes se tiró al monte?

Recurramos de nuevo al maestro Castilla del Pino: ‘una vez descubierto lo falso se impone la impostura y la sobreactuación tratando de proyectar la mejor imagen posible a la ciudadanía o a los colegas’. ¿El Dr. Montes se tiró al monte? ¿Ha nacido el gurú o icono ‘progresista’ de los cuidados paliativos? Nunca los déficits competenciales técnicos fueron tan injustamente recompensados. Sólo desde el nepotismo sectario e ideológico se puede explicar. ¿Su práctica clínica se ajustó a los algoritmos más aceptados en la ética clínica? ¿Existió corresponsabilidad con el paciente o con la familia en su toma de decisiones? ¿Hubo proporcionalidad en su atención? ¿Combinar varios psicofármacos es una prescripción racional, basada en la evidencia y, sobre todo, ajustada a las normas bioéticas? ¿Tuvo en cuenta el principio de autonomía de los pacientes? ¿Tuvo en cuenta su competencia cognitiva? ¿Fue adecuado en pacientes con pluripatología, ancianos y polimedicados? ¿Existía consentimiento informado del paciente y en su representación de la familia? ¿Había voluntades anticipadas? ¿Era el contexto idóneo para aplicar cuidados paliativos o unas cuantas camas de urgencia? ¿Era compartido por todo el equipo el protocolo? ¿Qué actitud se tenía con los colegas que no lo compartían? ¿Era conocedor el comité de ética hospitalario de esas prácticas? ¿Constaban en las historias clínicas todos lo datos y las razones de la politerapia? Ni calidad ni calidez asistencial y ética. Los cuidados paliativos se basan en tratar no solo el dolor sino sobre todo el sufrimiento. La esencia es el acompañamiento hacia una muerte digna. En ese ‘caminar con’ tiene que haber información pero, sobre todo, comunicación. El tratamiento del dolor y del sufrimiento es un acto clínico que exige el establecimiento de buenas prácticas. La muerte recorre su camino pero el posicionamiento del médico tiene que ser ético. Hoy más que nunca son necesarios los cuidados paliativos pero no todos los médicos están preparados humana ni profesionalmente para ello. Hay que generar espacios confortables y personal multidisciplinar preparado. Que hemos aprendido del ‘caso Leganés’ lo que no se debe de hacer y el camino para abordar bien y éticamente estas cuestiones está claro. Sobra sectarismo, revictimización, omnipotencia, sobreactuación, impostura y falta autocritica y conciencia. En cuanto a la ‘reazzion’ política bochornosa, patética, etc… ha sobrepasado todos los límites. Objetivo: manipular y mezclar ‘el tocino con la velocidad’. Una vez más haciendo política de la salud y con la salud de los ciudadanos. Recomiendo al Dr. Montes que se recicle en el magnífico equipo de cuidados paliativos de nuestras islas liderado por el Dr. Benito. Más competencia profesional y bioética y menos reuniones folklóricas subvencionadas y cursos en la Menéndez Pelayo.

La adolescencia

La adolescencia es una emboscada en la que no faltan francotiradores. Sabemos que es una época de cambios y de cambio, estresante y desconcertante para el protagonista pero también ‘inmensamente larga’ para el núcleo familiar. El cerebro del adolescente hace su ‘poda neuronal’, hay un tsunami hormonal que lo arrastra todo, la pulsión gregaria se multiplica, se optimizan el desacuerdo, los encontronazos y los desencuentros, se activa poderosamente la dependencia afectiva que confronta al adolescente, confundiéndole, con el vértigo de la libertad y con su deseo y necesidad de autoafirmación y autonomía. Las presiones internas y externas se acentúan y entran en conflicto generándole una gran ambivalencia que repercute en los padres aumentándoles el sentimiento de impotencia, culpa y de ganas de dimitir, si pudieran. Ya saben aquello de ‘usted no puede ganar, no puede empatar pero tampoco puede abandonar el juego’. Generalmente, la madre asume su función y está ahí, en ese acompañamiento, a veces difícil, doloroso y agotador, donde la ausencia de la función paterna se hace muy frecuentemente presente. Es preciso reinventar el vínculo educativo ante la emergencia de nuevas formas de viejos problemas (por ejemplo, el botellón). Es necesario delimitar nuestro posicionamiento ante diversos fenómenos y conductas (bulling, consumo de tóxicos, fracaso escolar, maltrato a menores, conductas violentas…) que aparecen actualmente en la adolescencia. No existe la adolescencia existe el adolescente, que además interactúa en un contexto determinado y que vive en una sociedad compleja y cambiante. El adolescente convoca a ejercer la función educativa y rechaza la compulsión prohibicionista y punitiva de las pseudo- ministras de ‘educación’. Nuestra posición como padres, educadores y gestores públicos debe ser la ética de las responsabilidades y nuestra autoridad debe basarse en el saber y en el limite para que sea posible la trasmisión y para poder ofrecer fórmulas que vehiculicen los intereses del adolescente hacia actividades socialmente admitidas. Ahora más que nunca hay que rescatar la función civilizadora, objetivo prioritario de la responsabilidad educativa que tenemos como referentes. Muchas veces el plural solo se conjuga en singular: la madre.

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