
Cuando este número de Salut i Força llegue a sus manos es muy probable que ya se haya planteado alguna vez que se acerca el verano y que tal vez el invierno haya dejado algunas secuelas en el cuerpo, es decir, algo de grasa de esa que se acumula para no pasar tanto frío. Una grasa que luego impide que el bañador entre, o que quede también como antes.
Tal vez lo que se haya planteado no es tanto que el bañador ha encogido, sino que llega otro verano con un cuerpo demasiado obeso y que un año más va a dar vergüenza ir a la playa, de modo que mejor no ir. Lo cierto es que el sol es bueno en su justa medida, de modo que no hay que dejar de tomarlo (en otro número le explicaremos cómo).
O sea, que lo que debe prevaler es la voz de alarma que supone el miedito de enseñar las carnes a los compañeros de playa y decidir ya de una vez que es necesario perder peso, pero no por una cuestión estética, que tampoco es malo sentirse mal, sino por una cuestión de salud. Aviejo se llega mejor con poco peso a las espaldas.
Para quienes crean que en este número de su revista de sanidad les vamos a dar una fórmula mágica para adelgazar en los dos meses que quedan antes de las vacaciones y el temido reecuentro con la playa, se equivocan. La primera lección que dan los profesionales de la salud es que para adelgazar no existen fórmulas mágicas.
Además, adelgazar no es un proceso con principio y fin. De lo que se trata es de cambiar de vida, adoptando un estilo de vida que incluya un modelo de alimentación y de ejercicio físico adecuados a cada persona, a su edad y a su cuerpo. Cuando de la mano del médico o del farmacéutico se diseña ese modelo, se comienza a adelgazar.
Y se adelgaza hasta que se llega a un peso adecuado –valorado por el profesional sanitario, no por las veleidades del espejo o de la moda –y se mantiene porque el modelo de alimentación y ejercicio son los correctos. De ese modo se evita el mal trago del espejo, durante todo el año, y las enfermedades oportunistas de la obesidad, que no son pocos.
Explican los profesionales de Farmacia, grandes expertos en esta materia y de fácil acceso en las farmacias de cualquier ciudad, que lo recomendable es recordar que comer bien es comer de todo un poco y no abusar de ningún alimento, tal como se explica en la web Portalfarma del Cosnejo de Colegios de Farmacéuticos.
Dicen estos profesionales que el organismo funciona adecuadamente cuando contiene todos los elementos que cada órgano necesita. Los alimentos contienen nutrientes, que son las sustancias necesarias, como agua, proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra, vitaminas y minerales. Además, los alimentos aportan las calorías necesarias como combustible orgánico.
Aunque todos los alimentos contienen diferentes nutrientes, éstos se clasifican dependiendo de la mayor o menor cantidad de calorías. Los alimentos ricos en carbohidratos tienen que alcanzar de 4 a 6 raciones al día. El pan, el arroz, la pasta, las patatas y las legumbres, deben constituir la base de las necesidades.
La ingesta de proteínas depende de la fase de la vida. Las demandas son máximas en la niñez y la adolescencia, así como en las mujeres gestantes y en el periodo de lactancia. Las proteínas las encontramos en alimentos como los huevos, el pescado, la carne, las legumbres y los cereales, explican los especialistas.
Los alimentos ricos en fibra y vitaminas son las frutas y las verduras, y es aconsejable tomarlas un par de veces al día. Por otra parte las grasas están contenidas en el aceite de oliva, la mantequilla, la carne y la leche, y constituyen un nutriente indispensable en la dieta, aunque en exceso suponen un riesgo obvio para la salud.
Hay alimentos que contienen grasa no-visible como carnes y embutidos, pastelería y bollería industrial, lo que hace conveniente controlar su ingesta. En cambio es aconsejable mantener el aceite de oliva, y sólo se disminuirá la ingestión de mantequilla si su consumo es excesivo. Siempre las decisiones deben ser bajo consejo especialista.
Para organizar las comidas –explican los farmacéuticos en su web Portalfarma– de la semana es recomendable mantener las bases de una alimentación tradicional, la denominada dieta mediterránea. Apesar de la diversidad de costumbres alimenticias, se distinguen unos puntos comunes para definir el mejor concepto:
El trigo como base de elaboración del pan, el aceite de oliva, una gran variedad de legumbres, verduras, hortalizas, frutos secos y frutas. Sin olvidar la uva y el vino. Y por último carnes y pescados propios del Mediterráneo. La característica de la dieta mediterránea es la variedad y proporcionalidad de componentes fundamentales.
La tendencia actual es reivindicar las costumbres dietéticas mediterráneas a través de una alimentación rica en hidratos de carbono, moderada en carne, leche, mantequilla y queso. Con variadas y abundantes frutas, hortalizas frescas y legumbres. Y en la que predomina el pescado, el aceite de oliva, gran protagonista éste último.
También es buena costumbre tomar un vaso de vino en las comidas. El vino es cardiosaludabe cuando la persona que lo toma no sufre ninguna enfermedad de base que lo convierte en contra indicado para su salud. La medida de un vaso de vino garantiza además las intoxicaciones alcohólicas. Deben tenerse además en cuenta los fármacos si se toman.
El nivel de ejercicio, el consumo de tabaco y alcohol y, sobre todo la dieta mediterránea, influyen de forma crucial en el riesgo de morir antes de tiempo, incluso en sujetos mayores de 70 años: Estas son algunas de las conclusiones de un estudio europeo en el que han participado 11 países, incluido España.
Aspectos tan simples como el ejercicio físico moderado pueden marcar la diferencia entre conservar durante más años las funciones mentales o desarrollar algún tipo de demencia que convierta en un infierno la vejez. Hasta ahora era sabido que existen una serie de factores, actividades y hábitos de vida que influyen en esa esperanza.
Lo destacado de los últimos estudios es que se han centrado en personas entre 70 y 90 años que llegan en apariencia sanos a esa edad. Los resultados desvelan que independientemente de cómo haya sido la trayectoria vital, el modo de vivir los últimos decenios es capaz de influir en el riesgo de morir o de padecer demencia.
Este estudio ha investigado durante 10 años los hábitos de vida en más de 1.500 sujetos entre 70 y 90 años. Incluso a estas edades, las muertes por cualquier motivo o debidas al cáncer o cardiovasculares, se reducen nada menos que un 50% en quienes comen dieta mediterránea, practican ejercicio físico moderado y no fuman ni beben demasiado.