
La estupidez y la maldad
Sufrimos más de estupidez que de maldad, aunque paradójicamente nuestra estupidez nos escandalice y asuste mucha más que nuestra maldad. El cerebro humano a pesar del proceso de hominización (muy pocos miles de años) conserva y posee un primitivismo atávico que condiciona muchas de nuestras conductas violentas. Como decía Buda, “el odio no vence al odio, solo el amor vence al odio”. La violencia es un problema de entendimiento, es el resultado de una carencia de evolución. ¡Cuánto nos cuesta entender y aceptar nuestras limitaciones! Como dicen en mi pueblo, cuánto nos cuesta comprender que no meamos colonia. Uno hace lo que puede con lo que tiene y teniendo en cuenta el momento y el contexto determinado. No es la muerte lo que tenemos que temer, sino una vida con des-amor. ¡Cuántas cosas hacemos los seres humanos para que nos quieran y nos reconozcan! Incluso hacer daño. ¡Qué poco apreciamos nuestra vida y la de los demás cuando esta se encuentra vacía o llena de situaciones traumáticas y persecutorias! En el guión vital y biográfico del agresor siempre encontraremos carencias, familias desintegradas, duelos patológicos, ausencia de cariño, abrazos, y un ambiente familiar negativo. Hay personas violentadas por las circunstancias de su vida que se instalan en la violencia como la única manera de sobrevivir (ya que no de vivir) y parasitados por la envidia, el odio, el resentimiento, la desconfianza hacia si mismos y hacia los demás, añadido a un profundo miedo a la vida y la muerte, que como telón de fondo lo contamina todo. Estas son algunas de las claves que nos permiten deconstruir y comprender el fenómeno de la violencia en el contexto social actual.
El sudoku reorganizativo en la Atencion Continuada de la Part Forana
No aprenden. Abren frentes de confrontación continuamente. La pulsión pirómana vuelve a emerger. La secta gerencial de la Primaria (bueno, no todos los directivos) están imponiendo, incluso a sus propios negociadores de la ‘planta tercera’ del Ib Salut, el despropósito del sudoku. Primero lo trajeron como un documento cerrado sin negociación previa, y ahora lo traen con un ligero lifting, pero sin poner todo lo que dicen .¿Por qué será? Bastantes intuimos que generará más problemas que soluciones. Lo que con soluciones parciales y contextualizadas se hubiera arreglado, ahora se reconvierte, por obra y gracia de la secta, en algo complicado. Ya saben que la condición humana es así. Lo peor de todo es que podría nombrarles de ocho a diez centros del ámbito rural cuyos coordinadores, médicos y enfermeros no están de acuerdo. En algún centro, el coordinador sí, pero la mayoría de los médicos no. Hay que tener en cuenta que este tsunami re-organizativo no afecta ni a Inca ni a Palma, por lo que el protagonismo es de los profesionales de la Part Forana. Nuestro posicionamiento no se ha alterado, y estamos dispuestos a seguir aportando nuestras sugerencias.
La relación médicopaciente
El aragonés Laín Entralgo, últimamente muy nombrado, desde su perspectiva antropológica y científica con respecto a la relación medico paciente, dijo, entre muchas otras cosas, que “el verdadero diálogo comienza cuando se puede sostener el saber estar, allí donde no se sabe qué hacer y qué decir”. La practica del médico se define como científica, como un arte, como una técnica, y como un servicio. Ahora bien, qué difícil es realizarla en un contexto “poco ético”. Seis minutos para cada paciente, escasa resolución, lista de espera desesperada, demandas no médicas, exigencias no asumibles, excesiva burocratización, y, lo que es peor, las cada vez más frecuentes agresiones de todo tipo. Es descorazonador que los adalides de la relación médico - paciente no se hayan significado protestando enérgicamente con todos estos elementos que sí que hacen muy difícil la delación medico - paciente. Dime qué especialidad has escogido y te diré cuánto pudo, en tu elección inconsciente,
la relación medico - paciente. ¿Qué pasaba hasta ahora que la relación medico - paciente en el contexto sanitario de nuestra Comunidad era mala? ¿Por qué ahora esta preocupación obsesiva y este afán teorizador sobre la relación medico - paciente? ¿De qué contexto hablamos: del privado o del público? ¿Existe un problema real en la asistencia sanitaria pública en cuanto a la comunicación? ¿O es que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, hay que deslocalizar el debate e incluir otro? Los médicos de nuestras islas sin título homologado (por cierto, no veo preocupación al respecto en los que han descubierto, recientemente, la relación medico – paciente, ni tampoco en la administración), o con el titulo homologado, que trabajan en la red publica son excelentes profesionales que se relacionan muy adecuadamente con los enfermos. ¡Céntrense en el debate y no creen confusión desde su confusión interesada! ¡No impartan lecciones de ética y praxis clínica a sus compañeros! Eso sí, practiquen lo que dicen y conseguirán lo que nosotros, colegas suyos, experimentamos cada día, aunque seamos médicos normales: una gran satisfacción con nosotros mismos, generada por el agradecimiento de todos nuestros pacientes. No hay enfermedades, sino enfermos. Así lo entendemos, y así lo practicamos con bastante éxito. Saludos.