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Las listas de espera: un termómetro y no una obsesión

Las listas de espera: un termómetro y no una obsesión
Editorial

Las listas de espera constituyen una medida fiable de la gestión sanitaria en tanto que confirman o, en su caso, desmienten si el derecho prioritario y fundamental a la calidad asistencial que debe estar al alcance de todos los ciudadanos se cumple o se vulnera. Al igual que ocurre en el ámbito de la justicia, si la actuación profesional (un veredicto en el caso de los tribunales, o una intervención médica en el de la sanidad) llega demasiado tarde, puede afirmarse, sin temor a incurrir en valoraciones desproporcionadas, que el derecho de los usuarios no ha sido respetado, ya sea en su totalidad o en parte.

De hecho, ¿quién resarce al paciente que ve impasible cómo transcurren los meses sin que se le asigne una fecha concreta para acudir al quirófano, mientras se ve obligado a soportar estoicamente los efectos de su enfermedad? La calidad asistencial no puede hacerse realidad en un contexto con largas listas de espera y prolongadas demoras medias. El enfermo confía, y tiene todo el derecho a hacerlo, en que la estructura sanitaria resolverá sus problemas de salud, y que lo hará con eficacia, seguridad y solvencia. La demora se halla claramente reñida con todos estos principios.

Es por ello que a nadie debe extrañar el interés de los responsables políticos e institucionales que, a lo largo de las sucesivas legislaturas, se sitúan al frente de la gestión de la sanidad, en controlar las listas de espera, y muy especialmente las quirúrgicas en tanto que la cirugía se erige en la alternativa destinada a ofrecer la resolución definitiva de una patología concreta.

Ahora bien, pese a la necesidad de incentivar ese control, tampoco resulta procedente caer en el extremo contrario: la obsesión. Y, ciertamente, la fijación que los políticos de Baleares, de unos y otros signos, tienen con las listas de espera llega a causar cierta irritación. En realidad, estas listas no son otra cosa que termómetros que señalan el curso de la temperatura sanitaria. Sin embargo, tan absurdo es aplicarnos el termómetro cada cinco minutos, tiempo durante el cual la temperatura difícilmente habrá experimentado alguna variación sustancial, como facilitar y reclamar las listas de espera, si no cada cinco minutos sí al menos con una frecuencia ciertamente inusitada. No en vano, la evolución de la demora asistencial tiene mucho que ver con factores coyunturales que, en un territorio por otra parte extremadamente coyuntural como Baleares, deben ser valorados en su justa medida, ya que condicionan de manera decisiva la progresión o regresión de los promedios. Anadie puede sorprenderle, sin ir más lejos, que las listas de espera de la sanidad balear aumenten durante los meses de verano, y disminuyan en invierno, por ejemplo. Y, de la misma manera, los crecimientos o descensos porcentuales que arrojen registros mínimos no parecen merecer una excesiva divulgación e incluso menos que se formulen excesivas conclusiones al respecto, dado que en la mayoría de ocasiones se deben a circunstancias absolutamente azarosas que pueden o no repetirse en periodos subsiguientes.

Ni Govern ni oposición deben obsesionarse con las listas de espera. Su auténtica preocupación ha de ser la sanidad en mayúscula, y a este nivel los registros sobre la demora asistencial ofrecen información que debe ser convenientemente analizada, valorada, contextualizada y temporalizada.

Llegados a este punto, cabría formularse la siguiente pregunta: ¿indica la actual evolución de las listas de espera de la sanidad pública balear que se está entrando en una fase preocupante en el que el derecho ciudadano a una medicina de calidad se vería irremisiblemente vulnerado, siguiendo la argumentación que trazábamos al inicio de esta editorial? ¿O tal vez hay que optar por la interpretación inversa, según la cual esa evolución es extraordinariamente positiva? Más bien el sentido común nos obliga, como casi siempre, a buscar la ponderación de la posición intermedia, según la cual tan cierto es que el prestigio de la asistencia médica de que disfruta Baleares difícilmente podría mantenerse con una escalada galopante de las listas de espera, como que los datos actuales resultan manifiestamente mejorables. Eso sí, aunque los comprobemos cada cinco minutos, la situación no habrá variado notablemente.

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