
SIMEBAL consigue su objetivo
Coaligados con el Sindicato de Enfermería, y esta vez sí apoyado por todos los sindicatos, SIMEBAL consigue, por ahora, que la implantación del sudoku organizativo de la atención continuada de la part forana se pare. No podía ser de otra forma, y así lo entendió el doctor Pomar ante la consistencia argumentativa de la doctora Jerònia Mesquida y de Ana Tobes, del SATSE. Hay que madurar mucho la propuesta, tanto que lo mejor seria no tocar lo que ya de por si funciona bastante bien. Empezar la casa por el tejado, sin negociar los planos y teniendo en contra a los arquitectos y obreros, suele ser un anticipo de fracaso, y uno suele pasarse luego la vida apuntalando y remodelando. Además, teniendo en cuenta que la casa es común, es decir, no es un coto privado, y que la actual secta gerencial es inquilina, se impone el nihilismo constructivo.Ya sabemos que en tiempo de crisis no hay que hacer mudanzas. Ante la compulsión de la hiperactividad se impone la parálisis serena y el ‘dolce far niente’. La gerencia de Atención Primaria tiene otras prioridades y otras tareas, y en eso debería de ocupar su tiempo. Dudo que exista consenso en el equipo directivo de la secta con respecto a esta medida. De todas formas, eso no es consuelo, porque decide el lobby de la sobrassada, y ante eso no hay anticuerpos que valgan. El director general del Ib Salut ha aceptado renegociarlo, aunque somos escépticos respecto a que acepte nuestras sólidas sugerencias. Si al final deciden implantar la reorganización, nuestra misión será denunciar todos lo desajustes que se produzcan, que sabemos serán muchos. Porque, ¿saben lo que les digo?: la secta, tras haber asistido al master de gestión, solo quiere economizar, aunque lo llaman eufemísticamente “racionalizar de forma ponderada y contextualizada la partida presupuestaria y aprovechar de forma integral y holística los recursos humanos en un sector de la población”. ¡Toma argot y confusión terminológica difusa! Por cierto, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César: mis felicitaciones a Xisco Planas y Pedro Jiménez, directivos de la tercera planta del Ib Salut, por su talante y sentido común negociador. Han conseguido, entre otros logros, desbloquear y solucionar el asunto de los médicos libres autorizados, que llevaban más de quince años en una situación discriminatoria. Gracias a su posicionamiento negociador y a la insistencia franciscana de SIMEBAL, lo hemos conseguido.
“Yo tengo una enfermedad”
Resulta sorprendente que utilicemos coloquialmente esta afirmación sin dudarlo en ningún momento. Nunca hay que olvidar que no existe la enfermedad, existe el enfermo. Existen personas singulares, con un contexto determinado, que afrontan una dolorosa travesía personal, y más si padecen una enfermedad mental (ahora, en primavera, la palma se la lleva la depresión). La enfermedad mental soporta, desde hace mucho tiempo, una injusta sobrecarga. El sufrimiento personal y familiar se multiplica por el rechazo, la discriminación negativa y la estigmatización social. Aesto hay que añadir el escaso apoyo institucional en cuanto a crear una plataforma de equidad y de igualdad de oportunidades que permita la autentica integración social y laboral. ¡Cuánto duele ver la soledad de los pacientes y sus familias! En la vida no elegimos muchas cosas esenciales: todos jugamos a la lotería genética, nadie elige el techo que nos cobija y la familia que nos quiere y nos cuida en la infancia, y tampoco damos nuestra opinión sobre en qué lengua nos van a hablar y educar. Existe una condición que nos iguala a todos: la humana. Nadie meará colonia o sudará ‘chanel five’, y todos tendremos fecha de caducidad ¡Cuánto les empreña a algunos esta igualdad, esta similitud! ¡Qué mal toleramos y cuánto nos separan las semejanzas! ¡Qué ridículo el delirio de la nación y demás símbolos pseudoidentitarios! La vida no es como un supermercado en el que uno elige lo que va a consumir y tener. La enfermedad nos elige a nosotros. Una cosa es ser sano, y otra estar sano. En el fondo, la enfermedad siempre comporta una intrínseca soledad aliviada y reconfortada por un buen acompañamiento. La enfermedad constituye un enigma, no hay respuesta para muchos interrogantes, y el silencio esta ahí, acechante. Cuando enfermamos todo se cuestiona y nos asalta la incertidumbre que se adueña de nuestra escala de valores. Una oleada de pensamientos irrumpe en nuestra conciencia. ¿Cómo me he puesto enfermo? ¿Estoy construyendo mi vida de forma equivocada? La irrelevancia y la insignificancia de muchos asuntos que, obsesivamente, nos han ocupado y preocupado quedan retratados con gran luminosidad. Chequeamos sobre todo nuestros afectos. Emerge lo cotidiano y la urdimbre de los pequeños contactos. Otras veces predomina la atrofia, la anestesia afectiva, y el llanto no es homeostático ni nos libera. La calidad y la calidez asistencial se fundamentan en el conocimiento y en el corazón humano. El lenguaje es universal. Se crea un espacio en el que la mirada y el gesto anulan la palabra. Ninguno de nosotros somos culpables de estar enfermos, pero todos somos corresponsales en combatir nuestra enfermedad.
¡Viva el sentido común!
No compartamos la obsesión, la idea sobrevalorada, ni, por supuesto, el delirio. Busquemos la verdad. Todos sabemos la es-tupidez de nuestra actual clase política. Crean problemas donde no los hay. Hoy no hay ningún problema en el ámbito sanitario en cuanto al catalán. Eso lo compartimos el 98 por ciento de los ciudadanos de esta Comunidad. Los profesionales lo vivimos día tras día en nuestro quehacer diario. La inmensa mayoría de los mallorquines y de los ciudadanos no entienden que se genere este conflicto en la sanidad. Todos quieren ser bien atendidos y no les preocupa en absoluto si son atendidos en un idioma u otro. No tienen ningún problema en comunicarse con su medico. La relación médico- paciente no se resiente por este motivo. Conocemos la hipocresía y la incongruencia de muchos políticos (Montilla lleva a sus hijos al Colegio Alemán) que en su vida personal hacen justamente lo contrario que predican en su vida y, sobre todo, ¡profesión política! No generemos crispación y sí, en cambio, consenso. Hoy por hoy, la exigencia del catalán en la sanidad es un gran error, teniendo en cuenta el déficit de personal sanitario en nuestra Comunidad. Sí al merito y no al requisito. Sí a la formación y al aprendizaje del catalán en la sanidad, pero de forma secuencial, progresiva y no impositiva. Doctor Thomàs, póngase las pilas y no agreda a la sanidad pública. Y, por favor, vista su credibilidad (pito, pito, gorgorito, Son Dureta, Son espases… ¡Son Espases!), absténgase de actos de fe ( “no creo que se vayan médicos por el catalán”). Su misión y su responsabilidad es hacer ya un plan de recursos humanos. No se obsesione por la cátedra de medicina de familia en la non nata facultad y ocupe su tiempo en bajar la hipertrofiada lista de espera, en resolver el déficit de médicos y de enfermería, en pedir a Zapatero una financiación sanitaria justa, en controlar el gasto informático (¿sabe usted lo del programa neozelandés de Son Dureta?) y en que en el sistema sanitario no trabajen médicos sin el titulo homologado. En fin, no olvide que está de paso y que su inquilinato tiene fecha de caducidad.
Lo de vostè sí que és pitar, i pitar fort a favor d'una imposició. Em ve a dir que creu que ja estem tan colonitzats que no tenim cap problema en acotar el cap davant d'aquells metges que no ens volen entendre quan parlam "en catalán", que tanmateix desseguida ens sotmetrem a l'autoritat de qui ens ha de guarir i li girarem la llengua. Perquè es clar, vostès no poden acceptar "la imposició" d'haver d'aprendre en 2 anys a "entender el catalán". Home, vagi bé Sr. Dr., i pengis la medalla al mèrit.