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Alfonso Ballesteros: “La Real Academia de Medicina es como un mueble antiguo al que había que sacar lustre”

Alfonso Ballesteros: “La Real Academia de Medicina es como un mueble antiguo al que había que sacar lustre”

El doctor Alfonso Ballesteros afronta la recta final de su mandato al frente de una institución creada en 1831 que sigue ejerciendo un decisivo papel de moderación y debate en el contexto de la sanidad balear

Joan F. Sastre

Cuando el doctor Alfonso Ballesteros ( Fuentesauco, Zamora, 1944) asumió la presidencia de la Real Academia de Medicina de Baleares se propuso l levar adelante el reto de modernizar una institución emblemática y venerable, creada nada menos que en el siglo XIX. El próximo año, la Real Academia celebrará elecciones, pero la actual normativa, que limita la presidencia a dos mandatos, impedirá la continuidad de la junta de gobierno. Especialista en medicina interna, médico personal de Cela y alumno de Ciril Rozman, el doctor Ballesteros ha contribuido, desde Mallorca, al desarrollo de la historia de la medicina con varias aportaciones singulares, entre ellas la primera descripción que se realizó en la isla de la Enfermedad de Andrade.

P.- Lleva usted siete años al frente de la Real Academia de Medicina. ¿Qué cambios se han suscitado durante este periodo?

R.- Ante todo hemos de tener en cuenta que hablamos de un tipo de institución de lenta evolución. Aquí, y en cualquier sitio. Cuando la junta de gobierno actual, que he tenido el honor y el privilegio de presidir durante dos mandatos consecutivos, se hizo cargo de sus actuales responsabilidades, nos propusimos el reto de la renovación. No era una tarea fácil, porque la Real Academia de Medicina y Ciencia de las Islas Baleares es una de las más antiguas del mundo, y ello la convertía en una entidad sin duda venerable, pero necesitada de una profunda reforma que la pusiera al día con los tiempos actuales. Su origen se remonta nada menos que a 1831, pero en realidad cuenta con una precursora, la Academia Médico Práctica de Mallorca, que data de 1788.

P.- ¿Considera que se ha afrontado con éxito el desafío de la renovación?

R.- Como le decía, era un trabajo arduo y complejo. Desde el principio, contemplamos a la Real Academia como un antiguo mueble al que había que sacar lustre. Es decir, restaurarlo para que luciera y cumpliera la que, a nuestro juicio, constituía su auténtica función en la sociedad balear: operar como un foro de debate y discusión, capaz de emitir opiniones y valoraciones acerca de las cuestiones que, en un momento dado, pudieran afectar a la sanidad y la investigación de las islas. Para conseguir nuestro propósito, hemos puesto en marcha, a lo largo de estos años, numerosas iniciativas, que han tenido como denominador común la finalidad de acercarnos progresivamente a la sociedad civil. Esa es la génesis, por ejemplo, de la instauración de los premios de la Real Academia, cuya ceremonia de entrega coincide con el inicio del curso académico y constituye uno de los actos más solemnes y reconocidos de todos cuantos se llevan a cabo en Baleares. Otro punto esencial para que el proyecto germinara era la financiación, ya que, como aseguraba Napoleón, las guerras solo se ganan si hay dinero de por medio.

P.- ¿Cuántos académicos forman parte, en la actualidad, de la institución que usted encabeza?

R.- La cifra máxima de miembros es 25: veinte médicos, entre los que actualmente disponemos de dos vacantes tras los fallecimientos de los doctores Antoni Obrador y Santiago Forteza, y cinco profesionales en ciencias afines. Lógicamente, se trata de un número claramente insuficiente que debe ampliarse en el futuro. Cuando se estableció, la realidad demográfica de Mallorca y Baleares no tenía nada que ver con la actual, y por supuesto la cantidad de facultativos que ejercían la medicina en las islas era muy inferior. Por otra parte, como usted sin duda sabrá, la designación académica requiere cumplir determinadas exigencias, entre ellas la edad y reunir un bagaje profesional solvente y apreciable. Claro que, dicho esto, añadiré que, tal como se afirma en referencia a los centros psiquiátricos, ignoro si, en la actual configuración de la Real Academia de Medicina, son todos los que están y están todos los que son.

P.- Hablaba usted de la necesidad de reformar la actual normativa de la institución en un punto concreto como el número de miembros. ¿Otra modificación podría afectar a la limitación de la presidencia a dos mandatos?

R.- La limitación de mandato tiene sus inconvenientes y también sus ventajas. Entre los primeros se halla el que, tal vez, se corta de cuajo la trayectoria de una determinada junta de gobierno que, tal vez, podría tener nuevos proyectos en perspectiva. Yentre las ventajas, que entra savia nueva, personas con ilusión renovada que, desde esta perspectiva, reúnen más capacidad de dinamización de la entidad. En general, creo que los efectos positivos de esta norma son superiores a los negativos, y se lo digo a pesar de que me afecta personalmente, dado que no podré optar a la presencia en las próximas elecciones.

P.- Más allá de su actividad en la Real Academia de Medicina, usted ejerce su profesión médica en la sanidad privada después de haberlo hecho durante 18 años en Son Dureta. ¿Hay mucha diferencia entre uno y otro lado de la frontera, por así decirlo?

R.- Ante todo debo afirmar, y hacerlo además con rotundidad, que la sanidad española ha alcanzado un nivel de calidad asistencial y profesional verdaderamente excelente, y Baleares lógicamente no es una excepción. Y me refiero tanto a la medicina pública como la privada. Ambas son magníficas. De hecho, no es una situación nueva. En 1974, tuve la oportunidad de conocer de cerca la sanidad francesa gracias a mi estancia en París a raíz de una beca que me concedió el Ministerio de Asuntos Exteriores galo. Y ya entonces, España tenía poco que envidiar a Francia en cuestiones sanitarias. Un ejemplo paradigmático de cuanto le digo es que el mejor sistema de trasplantes del mundo es precisamente el español.

P.- Entonces, ¿no cabe apreciar distinciones entre medicina pública y privada?

R.- No las hay en cuanto a la calidad, como le decía. Sí que existen, claro, en otros aspectos. En Baleares, que registra la tasa de doble aseguramiento médico más alta de España, los ciudadanos que disponen de la posibilidad de recurrir a una u otra sanidad tienen claros sus planteamientos: acuden a un centro público cuando se trata de determinadas especializaciones que se cubren con más garantías en este ámbito; y prefieren las clínicas privadas en otras muchas situaciones. Una de ellas es la mayor confortabilidad, como le apuntaba antes, pero además este tipo de hospitales han contribuido poderosamente a que la medicina balear progresara a nivel de infraestructuras y equipamientos asistenciales.

P.- El nuevo Hospital Son Dureta, que se está construyendo en la finca de Son Espases, ¿constituirá la ‘hora cero’ de la sanidad pública balear?

R.- Será un gran paso adelante, sin duda. Personalmente, siempre fui partidario de la construcción de un nuevo hospital en detrimento de la otra opción que se barajaba, que consistía en efectuar una remodelación integral de las actuales dependencias de Son Dureta. Hubiera sido un error, y se lo digo por experiencia, porque durante las casi dos décadas que trabajé en ese hospital soporté, junto a mis compañeros, numerosas reformas que, al final, no solucionaban los problemas de raíz que presentaba el centro.

P.- ¿Debe contar Baleares con una Facultad de Medicina?

R.- La Real Academia ha manifestado públicamente su adhesión al proyecto que anunció el presidente del Govern en una comparecencia parlamentaria. No podía ser de otra manera, porque es al Ejecutivo autonómico al que le corresponde decidir bajó qué parámetros debe desarrollarse la actuación política en nuestro territorio, y a ello no es ajena la política sanitaria. En otras palabras, si el Govern considera que la creación de la carrera de Medicina es una iniciativa plausible, pondremos nuestro grano de arena para que este objetivo quede culminado positivamente. Ahora bien, resulta absolutamente imprescindible que se cumplan algunos requisitos que, por ejemplo, no reunió el antiguo proyecto de la Facultad de Medicina que se puso en marcha en las islas en la década de los 70, y que acabó resultando un fracaso sin paliativos.

P.- ¿Qué requisitos, concretamente?

R.- Por supuesto, una buena dotación financiera. E igualmente una selección de profesores que responda a criterios objetivos y rigurosos. Afortunadamente, hoy en día, existen mecanismos de selección con los que antes no se contaban y que harán posible, si se me permite la expresión, que los ‘jueces’ sean menos caseros de lo que fueron en el anterior proyecto. Por otro lado, hay que rebatir la idea de que, creando la Facultad de Medicina, se acabará con el déficit que arrastra la sanidad balear en determinadas especialidades. Eso no será así, ya que la nueva legislación educativa, derivada del Plan Bolonia, establecerá que, al finalizar la licenciatura, que pasará a denominarse grado, el estudiante todavía no podrá ejercer la medicina. Para conseguirlo, primero deberá superar el periodo MIR, que se erigirá en el auténtico filtro de especialistas.

P.- ¿Comparte la opinión de que factores como el incremento del nivel de exigencia de la lengua catalana dificultan que la medicina balear corrija el déficit de especialistas al que usted aludía?

R.- Ante todo le contestaré que la medicina es, por encima de cualquier otra consideración, un trabajo vocacional, y en este sentido, a la hora de ejercer su profesión, el facultativo tiene en cuenta un objetivo primordial: llevar a cabo su labor en las mejores condiciones posibles, y no solo a nivel económico. Los médicos buscan lugares en los que se sientan a gusto y, por supuesto, respondiendo a su pregunta, las barreras idiomáticas pueden constituir, a este respecto, un obstáculo. ¿Qué ocurre en el caso de Baleares? Bien, ocurre que vivimos en una Comunidad bilingüe, y esa es una realidad que, a mi juicio, los médicos que optan por establecerse de forma permanente entre nosotros deben tener presente y, en este sentido, han de esforzarse por adquirir un nivel mínimo de catalán que les permita comprender a los pacientes que manifiestan dificultades para expresarse en español. Más allá de eso, creo que cualquier imposición que supere estos límites será mal recibida por los médicos foráneos .

P.- Posiblemente una de las experiencias que más satisfacción le habrá causado es haber llevado a cabo la identificación de los primeros casos de la Enfermedad de Andrade de los que se tenía constancia en Mallorca…

R.- Sí, y me alegro de que me ofrezca la oportunidad de referirme a este acontecimiento, ya que en su momento determinadas circunstancias impidieron que quedara una constancia clara de la aportación que realicé. Fue en 1980 cuando describí diversos casos de enfermos afectados por polineuropatía familiar causada por amiloidosis. Sin embargo, en esa época todavía no se había identificado su variante y, ocho años más tarde, en 1988, un médico mallorquín, el doctor Munar Ques, logró reunir un importante número de casos que sí pudieron ser diagnosticados como Enfermedad de Andrade gracias a que ya existían los marcadores analíticos específicos para ello. Creo que esta circunstancia ha distorsionado hasta cierto punto el origen de esta contribución, pero recientemente tuve la satisfacción de que mi admirado maestro, el profesor Ciril Rozman, hiciera mención, en un artículo, a la aportación que yo realicé en su momento y que hasta cierto punto había resultado ignorada.

P.- Su inquietud en estos terrenos de la investigación no acabó aquí…

R.- En efecto, ya que en 1981 levanté la liebre, por así decirlo, en torno a otra polineuropatía, popularmente denominada ‘parálisis del calzado’. Esta patología aparecía con frecuencia en trabajadores del sector del calzado de la comarca del Raiguer y, gracias a las indagaciones que llevé a cabo, pude establecer la conclusión de que el agente causante era un disolvente que contenía una sustancia llamada N-Hexano. Apartir de la divulgación de este descubrimiento, esta forma de polineuropatía disminuyó radicalmente en Mallorca. Siempre he sentido una abierta atracción por el campo de la toxicidad de los medicamentos. De hecho, otro acontecimiento que merece la pena resaltarse es que, en 1987, la prestigiosa revista The Lancet publicó una comunicación científica que escribí en torno a unos casos de toxicidad hepática causada por un fármaco que, posteriormente, a raíz de la divulgación de ese artículo, fue retirado del mercado, a nivel mundial.

P.- Entre los pacientes a los que usted ha atendido figuran nombres verdaderamente ilustres. Por ejemplo, Joan Miró y Camilo José Cela.

R.- Joan Miró era una persona extremadamente bondadosa y sencilla. En cuanto a Cela, llegué a conocerle muy profundamente, ya que fui su médico de cabecera durante sus largos años de estancia en Mallorca. De hecho, manteníamos una amistad personal, hasta el punto de que mis hijos le llamaban tío. Soy consciente de que sobre la figura de Cela recae una especie de leyenda negra acerca de su personalidad, supuestamente huraña y poco sociable. Sin embargo, esa imagen respondía más a su deseo de interpretar ese papel que a su verdadera esencia interna. En los círculos más íntimos resultaba una persona muy agradable, especialmente con los niños y con las personas mayores. Con mi madre, por ejemplo, hizo muy buenas migas

P.- Cuando le concedieron el Nobel, usted formó parte de la comitiva balear que se trasladó hasta Estocolmo

R.- Sí, y gracias, por cierto, a la iniciativa personal del editor Pere Serra, que también forma parte de mi grupo más querido de amigos. Su capacidad de movilización permitió que Mallorca estuviera presente ese día histórico en Estocolmo.

P.- En el terreno más directamente relacionado con la medicina sus dos grandes nombres propios son Jean Dausset y Ciril Rozman, al que ya ha mencionado anteriormente…

R.- ¿Y cómo no iba a hacerlo? Considero al profesor Rozman mi gran maestro, la persona de las que más cosas he aprendido en mi profesión. Asistí a sus clases cuando estudié en la Facultad de Medicina de Salamanca y hemos seguido en contacto a lo largo de los últimos cuarenta años. En cuanto a Jean Dausset, ¿qué decir sobre él? Mallorca tiene el honor de acoger a uno de los premios Nobel de Medicina más importantes de la historia, porque fue su trabajo científico el que ha permitido que el ámbito de los trasplantes se haya desarrollado hasta alcanzar los niveles actuales. Sin embargo, por encima de todo, el profesor Dausset es una persona con un incomparable sentido de la ética. ¿Y sabe qué le digo? Que si he de quedarme con alguna cualidad humana, elijo precisamente esa.

comentarios

  1. Recuerdo y agradecimiento

    Queridos Alfonso y Teresa. Desde mi último (?) domicilio
    Galicia (Gondomar) quiero deciros que os recuerdo con
    mucho cariño y eternamente agradecida a ti Alfonso. Espero que 3esteis bien los dos y veo que tu Alfonso estas
    todavía en activo,y como decía Pepe: un médico siempre
    lo es hasta la muerte.

    Un saludo muy cariñoso -- Greti Reichenbach Vda. de
    Rosselló

    Greti Reichenbach | 26/04/2010, 19:22
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