
La entrevista que ofrecemos, en las páginas centrales del presente número de Salut i Força, con el actual presidente de la Real Academia de Medicina de Baleares, el doctor Alfonso Ballesteros, supone, para esta publicación, saldar la deuda contraída con una institución a la que, frecuentemente, no se le reconocen como es debido los méritos que atesora. No es esta una circunstancia inédita en Mallorca, donde habitualmente acostumbramos no solo a ignorar sino incluso a desconocer la labor ejercida desde la piedra neurálgica que constituye el soporte de toda comunidad libre y democrática: la sociedad civil. Los ciudadanos, en definitiva.
A través de la charla amena y distendida con el doctor Ballesteros podemos tener acceso a datos tan relevantes como que es aquí mismo, en Mallorca, donde nació y se consolidó una de las instituciones más venerables de la historia de la medicina, cuyo origen se remonta nada menos que al siglo XIX. Pocas sociedades pueden presumir de un patrimonio tan singular y valioso. Ahora bien, ¿somos verdaderamente conscientes los ciudadanos de estas islas de la importancia que conlleva acoger una entidad de estas características? Y, por otra parte, ¿son conscientes de ello nuestros responsables políticos?
Más bien cabría responder negativamente a ambas preguntas desde el momento en que la Real Academia de Medicina de Baleares anda falta del reconocimiento colectivo al que, sin duda alguna, se ha hecho acreedora a través de la tarea, intensa y abnegada, de los diversos responsables que la han dirigido. La junta de gobierno que preside el doctor Ballesteros cumple ahora mismo siete años de trabajo incansable a favor de dos objetivos capitales: la instauración de un foro de debate y divulgación de marcado carácter sanitario y científico, capaz de moderar el discurso en el ámbito de la medicina insular; y la divulgación de los proyectos que, a nivel de investigación médica, se llevan a cabo en el archipiélago y que, precisamente a raíz de instituciones como la Real Academia, encuentran un justo y adecuado canal de expresión.
El doctor Ballesteros no podrá continuar su tarea al frente de esta entidad a partir del próximo año, ya que la normativa académica impide encadenar más de dos mandatos consecutivos en la presidencia. Sin embargo, ello no es óbice para que la sociedad balear en su conjunto se sienta eternamente en deuda con el inconmensurable legado que el doctor Ballesteros dejará tras su etapa y que, necesariamente, deberá ser continuado por sus sucesores
.No en vano, la sanidad balear precisa más que nunca de la actuación sosegada y rigurosa de los miembros que integran la institución. Estamos en la frontera de unos nuevos tiempos que introducirán cambios trascendentales en el escenario de nuestra medicina, cuyo punto de inicio habrá que situar en la de cada vez más inminente puesta en funcionamiento del nuevo Hospital Son Dureta. Más lejos queda la materialización del proyecto de la Facultad de Medicina, en cuya consecución, como no podía ser de otra manera, se halla firmemente comprometida la Real Academia. Ahora solo resta que también desde los foros correspondientes se sepan aprovechar las propuestas que la entidad académica haga llegar y que constituirán el fruto directo de su inveterada sabiduría.