Salut i Força

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Cirugía de la epilepsia. Capítulo y II

Cirugía de la epilepsia. Capítulo y II
Dr. Antoni Rossiñol
Neuròleg
Director de la Fundació Mateu Orfila

¿Cómo se realiza la selección del candidato? Esta es, quizás, la pregunta más importante. El tratamiento quirúrgico de la epilepsia conlleva una serie de riesgos, y su indicación debe ser muy selectiva para poder garantizar unos buenos resultados.

Hay un dato muy importante que es necesario que todos los pacientes conozcan con el objetivo de que no se dejen engañar por las publicidades carentes de garantía científica: el tratamiento quirúrgico no cura de manera definitiva la epilepsia, y, por tanto, muchos pacientes deberán seguir tomando sus pastillas. Tras esta información, la pregunta inmediata es: entonces, ¿para qué operarse? La respuesta es muy sencilla: para conseguir que las crisis epilépticas que el paciente sufre, y que son imposibles de controlar

En general, estos pacientes han de someterse a un tratamiento complicado, ya que toman una media de dos a cuatro fármacos antes de la intervención. Tras la misma, la mayoría de ellos queda con un fármaco y en dosis única o sin tratamiento. La mayor dificultad, y al mismo tiempo la mayor garantía de éxito, está en la correcta selección del paciente candidato o del tratamiento quirúrgico de la epilepsia. Para su estudio es necesario que ingrese en la Unidad de Epilepsia (recinto dedicado el estudio de pacientes epilépticos) para que se someta a una prueba llamada monitorización de larga duración video-EEG, que consiste en permanecer en la unidad el tiempo necesario para que se registren varias crisis como las que presenta habitualmente el enfermo. Por supuesto, si experimenta varios tipos hay que registrarlos todos. Para ello, se colocan adosados a la cabeza una serie de electrodos especiales que muestran la actividad del cerebro en el EEG. Una cámara de video permitirá ver durante las 24 horas todo lo que hace el paciente, y se podrá analizar con detalle lo que le sucede durante la crisis y relacionarlo con exactitud con lo que ocurre en el registro EEG. Es necesario disminuir o suspender el tratamiento del paciente para favorecer la aparición de crisis y realizar la monitorización en el menor tiempo posible. Durante todo el tiempo, es imprescindible que una enfermera vigile al paciente para poder valorar los trastornos neurológicos que sufre antes, durante y después de la crisis. Es posible que se precise administrarle algún tratamiento para que la calidad del registro EEG sea impecable y el neurólogo pueda valorar con precisión las características de las crisis. con el tratamiento que ha llevado hasta ahora, se controlen mediante el tratamiento quirúrgico.

Además de este registro, hay que realizar a todo el paciente una RMC con un protocolo especial, un estudio neuropsicológico y un test de calidad de vida (QUOLI 31). En casos concretos hay que realizar otras exploraciones (SPECT, PET…) Existen casos de epilepsias graves producidas por diversos tipos de lesiones cerebrales y que tienen su origen fuera del lóbulo temporal. En estas situaciones, la selección de los pacientes es más complicada y precisan para su tratamiento exploraciones mucho mas agresivas, como son la colocación de electrodos dentro del cráneo para tratar de localizar con precisión el origen de la crisis. La colocación de las denominadas mantas o tiras de electrodos subdural se realiza en el quirófano y precisa de una operación para llevarla a cabo. Posteriormente, el paciente debe ser trasladado a la Unidad de Epilepsia para la monitorización video-EEG que ya hemos explicado.

Una vez finalizadas todas las exploraciones, la decisión sobre si el paciente es o no candidato al tratamiento quirúrgico de la epilepsia se adopta en una sesión en la que están presentes todos los especialistas que han tomado parte en el estudio, si bien la determinación final corresponde siempre al paciente, una vez que ha recibido toda la información pertinente. En todos los casos, para que la operación sea posible, es necesario que el enfermo tenga un solo foco epiléptico (deben coincidir los resultados de toas las pruebas) y que esté situado en una zona del cerebro que no sea esencial para la realización de una función importante, como, por ejemplo, hablar. No todos los pacientes que realicen estas pruebas podrán ser operados.

Por otro lado, existe una técnica quirúrgica, realizada con un aparato llamado knife, que consiste en ‘radiar’ la zona de la lesión. Está indicada, fundamentalmente, en casos de malformaciones arteriovenosas, tumores y lesiones funcionales. La experiencia en epilepsias de difícil control es todavía pequeña y se ha realizado, sobre todo, en casos de tumores hipotalámicos y meos en epilepsias del lóbulo temporal. Las pruebas preoperatorias son las mismas que se realizan en pacientes tratados con cirugía tradicional. Es menos agresiva, ya que no es necesario abrir el cráneo y, por tanto, reduce las complicaciones, pero la mejoría de la crisis no ocurre de forma inmediata, sino gradual, y concretamente entre los nueve meses y el año y medio después de la intervención.

Finalmente, en los pacientes con epilepsias graves que, por diferentes motivos, no sean considerados candidatos al tratamiento quirúrgico, se pueden plantear otros tratamientos alternativos, como el estimulador del nervio vago y la dieta cetogénica, esta ultima sobre todo en casos de epilepsias infantiles.

comentarios

  1. Síndrome de Diógenes

    Vamos a realizar dos columnas para desmenuzar este
    síndrome no sólo por su implicación social sino su
    "explicación" objetiva.

    Si teneis temas que os interesen me enviais un meil.

    Un saludo.

    dr. A.Rossiñol | 29/01/2009, 22:19
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