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GASTRITIS: Manual para despues del empacho

GASTRITIS: Manual para despues del empacho

DESPUÉS DE LAS “TRIPADAS” DE NAVIDAD NO SERÍA EXTRAÑO PADECER UN “DOLOR DE ESTOMAGO” QUE NO SE VA. SOMOS VICTIMAS DE LA GASTRITIS

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Han pasado las fiestas. Tal vez hemos comido y bebido más allá de lo concebible y lo deseable y duele la tripa, se siente un "mal de panxa" persistente. ¿Qué sucede? Las afecciones relacionadas con esa zona tan amplia de la anatomía humana popularmente denominada "barriga" son muchas y no solo relacionadas con comer y beber mal.

La gastritis, término tan amplia como incorrectamente utilizado, temido por una supuesta –aunque necesariamente matizable– relación con el cáncer de estómago, es una enfermedad muy común en nuestra sociedad, sobre todo después de las épocas en las que se han producido abusos dietéticos.

En sentido estricto, explican los especialistas, la gastritis es una inflamación de la mucosa, de la "piel" que recubre el estómago. Para saber que la mucosa está inflamada no basta solo con que el paciente sienta que le duele el estómago. Hay que "verlo", mediante una endoscopia. Determinadas lesiones que podemos ver por ese procedimiento indican que existe una gastritis. Una prueba más específica consiste en tomar, mediante ese mismo sistema, una porción de tejido, una biopsia, que se examinará al microscopio en busca de signos inflamatorios.

Sin embargo, el término gastritis se usa en ocasiones de manera un poco inadecuada. Cuando el paciente siente una molestia banal que suele ceder al cabo de unos días, con frecuencia dice "tengo gastritis". Los médicos advierten que el uso del término de manera inadecuada se ha hecho incluso médicamente: ante cualquier molestia banal se le decía al paciente que era "un poco" de gastritis. Esto ha sucedido sobre todo con las molestias que se asocian a las consecuencias de alguna incorrección o exceso dietético.

La mucosa que recubre el estómago se puede inflamar por muy variadas causas. Uno de los desencadenantes de la inflamación puede ser el alcohol. Otra causa importante es el consumo de antiinflamatorios: Los medicamentos que se dan para el dolor tienen un efecto sobre la mucosa gástrica; a causa de su consumo puede aparecer una gastritis, a veces con hemorragia, al ulcerarse la inflamación, es decir al perderse parte de esa mucosa, se produce el sangrado.

El otro gran grupo de gastritis, en el sentido específico de esta patología, son las producidas por una infección que en los últimos años se ha asociado a la úlcera tanto gástrica como duodenal. Se trata de la infección causada por el helicobacter pylori.

Otra cosa es si cuando hay una gastritis asociada a otro tipo de infección y no se han producido ulceraciones, conviene aplicar un tratamiento para quitar esa infección. Si se produce una úlcera gástrica o duodenal, hay que eliminar la infección causante, porque la historia natural de esa úlcera va a cambiar radicalmente y muchos pacientes que llevaban años teniendo molestias, se verán libres de ellas.

En cambio, cuando hay la infección siempre hay algún tipo de inflamación, pequeña o grande, que además puede ser asintomática –en contraposición con el gran uso que se hace del término gastritis, también es posible que ésta exista sin que se note nada– pero si es asintomática y el paciente no siente nada, se discute que sea siempre necesario erradicar la infección». Ciertamente, en el ámbito médico, en muchas ocasiones sería más correcto hablar de dispepsia, en lugar de gastritis.

Volviendo al la descripción de la enfermedad, es importante destacar que lo que se "ve" mediante el endoscopio, al observar una gastritis dependerá de las modificaciones de la coloración de la mucosa gástrica. Esta mucosa tiene una determinada coloración, más o menos rojiza, explican los especialistas. Cuando hay inflamación se produce lo mismo que en la piel exterior del cuerpo: hay una zona inflamada, que es además más edematosa (tiene más líquido) y su coloración es más rojiza. Se suele acompañar además de pequeñas úlceras superficiales. Esto se ve a través del endoscopio.

Si se observa al microscopio una porción de esa mucosa extraída, suele detectarse la presencia de un "infiltrado" que indica que hay una inflamación. Este proceso, a la larga, puede llevar a una situación que se denomina gastritis atrófica. Al microscopio se observa que se va perdiendo el grosor de la mucosa.

Otro de los cambios asociado a determinados tipos de gastritis consiste en que células de los tejidos intestinales que en condiciones normales están situadas a partir del bulbo o del duodeno, aparecen desplazadas al estómago. Es lo que se denomina metaplasia intestinal. Esto se puede ver con los ojos, pero es mejor valorarlo a través de una biopsia.

No hay que confundir la metaplasia con una lesión cancerosa, tal como para el profano podría sugerir por su parecido con la palabra neoplasia, que sí significa cáncer. La metaplasia señala que hay un tipo de células que están donde no deberían. La metaplasia viene producida por la generación de una serie de cambios en el ambiente. Suele producirse una disminución de la acidez o se produce mucho reflujo de contenido gástrico, afectando también al esófago, en cuya parte final de éste se genera ese tipo metaplasia.

En algunos casos la gastritis asociada a la metaplasia puede suponer un cierto incremento del riesgo de desarrollar una lesión cancerosa. Pero en general, la inmensa mayoría de las gastritis, no tienen nada que ver con el cáncer. Solo en algunos casos se asocia a un incremento del riesgo. Sin embargo, esto sucede en tan pocas ocasiones que en ningún sitio se recomienda que se hagan pruebas para descartar ese tipo de cáncer solo porque se produzca una gastritis.

Igualmente, se ha visto que la infección por helicobacter pueden suponer al paciente un riesgo algo más elevado de tener cáncer, pero una cosa no es indicativa de la otra. Tener una infección no es indicativo de que se vaya a sufrir un cáncer. De hecho, el cáncer de estómago ha disminuido su incidencia de manera muy importante en las sociedades occidentales durante los últimos veinte años.

Ante una molestia banal, que sea episódica y que se pueda relacionar con un exceso (de alcohol, de comida), no hace falta preocuparse excesivamente ni tomar medidas: pasará y ya está. Si las molestias son persistentes, si al aplicarse un tratamiento banal (antiguamente era muy frecuente tomar antiácidos, bircarbonato) no se solucionan y persisten, ya es el médico el que ha de valorar si es necesario hacer un diagnóstico más específico o no. Si hay que hacerlo, dependerá de si la persona es mayor. Si tiene más de cuarenta o cincuenta años estará mucho más indicado hacer una endoscopia para mirar el estómago y llegar a un diagnóstico definitivo.

De cualquier modo, la evolución de la gastritis depende mucho del tipo. Si está asociada a fármacos y es posible suprimirlos, la solución es sencilla. Si está asociada al helicobacter habría que ver si está indicado un tratamiento erradicador: Si esa inflamación se asocia a una úlcera no hay ninguna duda; si no, es discutible, dado que en muchas ocasiones no se producen síntomas.

Los tratamientos de la gastritis van muy relacionados al tipo de inflamación que se padezca. Ante un exceso de alcohol lo normal es retirar la ingesta de esa sustancia. Lo mismo con los fármacos: retirarlos o cambiarlos.

Volviendo a los tratamientos contra la gastritis, si ésta se asocia la gastritis a una inflamación por helicobacter el tratamiento será –si se determina aconsejado– erradicador de la infección, mediante antibióticos. En términos generales se trata la gastritis con fármacos que reducen la secreción gástrica. Si se trata de un episodio banal y episódico, un antiácido puede ser suficiente.

En otros casos se puede dar un fármaco más específico. Lo que conseguirá el antiácido será —como su propio nombre indica— contrarrestar el exceso de ácido. Lo que logrará otro fármaco con una función más específica, el inhibidor de la secreción, es impedir que se fabrique y emita el ácido en el interior del estómago. De estas maneras se solucionan la mayoría de casos de gastritis.

El tan mallorquín "mal de panxa" debe relacionarse en principio con una molestia abdominal. En esa zona hay múltiples vísceras, el tubo digestivo y las glándulas asociadas a la función digestiva, como el hígado y el páncreas. El "mal de panxa" puede ser debido también a otros órganos, como los riñones, en las mujeres los ovarios o el útero, que también están en la "panxa" o hacen que ésta duela. El concepto de "mal de panxa" asociado a un exceso de comida o de bebida es difícil de relacionar específicamente con la gastritis. Puede que la haya, puede que no.

También relacionarse con algunas diarreas, con lo cual la causa sería una gastroenteritis ocasionada por otros desencadenantes diferentes que afectarían al estómago y al intestino. Un exceso de alcohol puede ser el origen de una pancreatitis. Un exceso de grasas puede producir un cólico biliar. Todo ello, en algún momento, puede llevar al paciente a sentir "mal de panxa". La pesadez, la ralentización de la digestión por otras causas puede identificarse también por esa acepción popular.

Otro término popular, el decir "tengo ardor" suele ser la consecuencia de un exceso de acidez. Cuando este ardor tiene tendencia a "subir" suele estar asociado al reflujo gastroesofágico. Si se trata de algo banal, fruto de un exceso, de que el estómago está demasiado lleno, no tiene demasiada importancia. Pero las causas de ese reflujo pueden ser diferentes. El cuerpo humano desarrolla diversas funciones para evitar ese reflujo. Por ejemplo, movimientos esofágicos, o el esfínter se cierra.

Pero si el reflujo sube y el ardor de estómago es mantenido y no se controla, hay que estudiarlo. Un reflujo mantenido puede traer como consecuencia una inflamación del esófago, una esofagitis, que si se alarga puede producir úlceras, y si es muy importante puede llegar a estonasar el esófago. Esto se produce solo en un pequeño porcentaje de pacientes.

La resaca: el amargo final de fiesta

Una de las consecuencias menos agradables, después de una buena mesa o de una fiesta, es la inesperada resaca inducida por la ingesta de alcohol. Y aunque el término se emplea frecuentemente tan solo al malestar generado después de una borrachera, también se podría aplicar resaca, al abuso del tabaco o a otras drogas o estimulantes. Aunque centraremos el tema, en las causas y características fisiopatológicas y al tratamiento de la resaca provocada por el consumo excesivo del alcohol.

Los investigadores recomiendan que las mujeres no consuman más de una botella de cerveza de 350 ml ó un vaso de vino de 120 ml ó más de 45 ml de licor por día y en los hombres no más de dos, de los citadas medidas. Hay que tener en cuenta que en personas de peso menor, los efectos del consumo desmedido de alcohol son mayores que en las personas de contextura grande.

El malestar impulsado por la resaca se caracteriza por temblores, mareos, nauseas, cefaleas, diarrea y cansancio general. Además de elevar el ácido úrico y propiciar la pancreatitis. Estos síntomas parecen estar causados por la deshidratación, alteraciones hormonales, disregulación de las vías de metabolización de las citoquinas, también produce efectos tóxicos directos. Incluso se ha detectado un incremento del gasto cardiaco y un aumento de los niveles de hormona antidiurética.

Asimismo, el alcohol en el cerebro inhibe la acción de una hormona llamada vasopresina, que se sitúa en la glándula suprarrenal. Si esta falla, el riñón empieza a eliminar más agua de la que ingiere y provoca que éste busque agua en otros órganos. La fuente principal es la membrana del cerebro. La ausencia de liquido en la membrana produce el dolor de cabeza.

No hay que olvidar que para el tratamiento de la resaca lo mejor es la abstinencia de consumo de alcohol. Si ya se ha producido debemos incluir la rehidratación, los inhibidores de las prostaglandinas y la vitamina B6. La mayoría de resacas desaparecen en 24 horas y el descanso es fundamental para aliviar los síntomas. Se recomienda también consumir alimentos con gran contenido de fructosa, como la miel o las frutas, ya que se han detectado evidencias de que este azúcar simple ayuda al organismo a metabolizar el alcohol con más rapidez. Se debe aportar gran cantidad de agua para hidratar el cuerpo y reponer las sales y el potasio con consomés o caldos. Los analgésicos comunes alivian solo en parte los síntomas de la resaca. Si el dolor de cabeza es muy fuerte hay que tomar ibuprofemo o un antiínflamatorio.

El alcohol tarda entre 30 y 120 minutos en llegar a la sangre, después de ser ingerido Los efectos en los jóvenes son más devastadores por que interfieren negativamente en los procesos de crecimiento y formación de tejidos y en órganos vitales.

Hay que recordar que el consumo diario de alcohol produce trastornos de la personalidad que en algunos casos pueden ser graves, y que su exceso, es el germen más común de los accidentes de tráfico en nuestra comunidad. Además de producir accidentes y absentismos laborales.

Los efectos del exceso de alcohol producen en el hígado, el que el etanol se transforme en acetaldehido y posteriormente en acetato y el metano en ácido fórmico. Esta metabolización se manifiesta con vómitos y náuseas. En la piel se produce más sudación al aumentar el flujo de sangre. En el estómago aumentan las secreciones ácidas y se acelera la respiración y fuerza a los pulmones. En el cerebro disminuye la capacidad de concentración y la memoria e inhibe la acción del sistema nervioso central

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