
¡Aupa la gurumanía!
Los directivos organizacionales y políticos diversos no son nadie si carecen de su gurú simbiótico. El alter ego gurumano es más insustituible que nunca. El gurú nunca miente, si acaso se equivoca. El gurú no opina, dogmatiza. El déficit yoico de los seudo líderes actuales se compensa con la sabiduría y el zen del gurú. Si es foráneo, habla latín, ha hecho marketing en ESADE, cobra buenos honorarios e irradia esponjosidad y vulnerabilidad…¡bingo! La gurumania está en alza. Yo soy aproximadamente yo (o, al menos, eso me creo) y mis circunstancias gurumanas. El traza metas indiscutibles con discutibles rutas. Es impresionante la escenificación gurumana. Amás impostura, más dosis de gurumania. El gurú perdona, falsifica, vende, permite, alaba, hipertrofia… En el fondo, es un personaje coartada. ¡Cómo acompaña un gurú en la cueva inhóspita de la soledad del poder! Es la persona placebo. Es la perfecta sublimación del padre idealizado. Hoy, más que nunca, hay un sobreabuso compulsivo gurumano. La exagerada importancia a lo externo e inmediato, la precariedad emocional y el afán de opulencia sustentan la necesidad del gurú. Nunca la adecuación de los liderazgos sociales ha dependido tanto de la secta gurumana. Los presupuestos generales del Estado deberían incluir un apartado de gastos de los gurús. El absolutismo gurumano sirve de tapadera para la mediocricidad directiva. Ni siquiera la crisis impide la proliferación de la secta. Amás incertidumbre, más gastos en gurumania. Ante la ausencia de arrebatos de lucidez, no hay más solución que hacerse gurú. ¿Se apuntan?La prescindibilidad necesaria de la OMC
Aparte de soportar el temible ‘burnout’, la secta gerencial, la precariedad laboral y las agresiones de pacientes, el medico está atrapado en una de las organizaciones mas jurasica, fósil, cavernaria, obsoleta, estéril y, sobre todo, mas cara del ex – Estado español. Para qué sirve semejante mastodonte burocrático y a qué dedica su tiempo libre es un enigma pendiente de solucionar y que lleva de cabeza a la tribu gurumana parasanitaria. Sus posicionamientos sectarios en temas médicos de palpitante actualidad alcanzan cotas de alta estupidez. La descentralización autonómica no ha trasformado, ni en el fondo ni en la forma, a la opus-minus-centralis (OMC). ¿Por qué hemos de sostener los médicos con nuestras cuotas semejante despropósito organizacional? Urge la deconstruccion y un nuevo replanteamiento de la actual estructura. Es necesario rescatar contextos nuevos, dinámicos, con máxima operatividad, en los que el poder se asocie a la responsabilidad. Esta crisis es una oportunidad y necesidad para planteárselo. Ahora más que nunca es necesario el debate. No solo de dietas vive el medico. ¿O sí?El conseller y el doctor Carulla
La actual Conselleria de Salud está recortando y suprimiendo servicios sanitarios que funcionaban muy bien y que satisfacían necesidades sanitarias de los ciudadanos. No hay ni un duro. Inversión cero. En vez de ir a exigir al gurú de Zapatero una nueva financiación sanitaria, optan por quitar recursos. Ante Zapatero y su gurú son blandos, acomplejados y mutistas. Ante la pedagogía ilustrada zapateril (ya saben, el ‘bla bla bla’ buenista) que no reconoce la injusta financiación sanitaria que padecemos, se comportan como adolescentes pasivos y amedentrados. No osan desafiar la mirada lideril del ínclito Bernardo de Soria. Asombro y estupor me causaron las palabras del conseller en Menorca ante el ‘caso Carulla’.Ya saben, aquel oncólogo del Mateu Orfila al que despidieron, a pesar del déficit de profesionales de oncología en la isla vecina. Por lo visto todavía no han encontrado quién lo sustituya. Priorizaron otras razones a las necesidades de los enfermos y familias. El conseller hablaba de la “singularidad” del doctor destituido. Yo esta razón la entiendo, teniendo en cuenta que el doctor Thomàs es el adalid de la pócima mágica: la pluralidad. Tenemos un conseller para el cual la “singularidad” es sospechosa. ¿Por qué? Estamos hartos de oír a la secta gerencial que necesitan médicos líderes, comprometidos con la gestión y que planteen nuevos proyectos. Otras de las razones que argumentaba el conseller para echar al oncólogo (a sabiendas de la precariedad de especialistas en las islas menores) era que el asunto o conflicto debía dirimirse según el cauce establecido, es decir, en las comisiones internas, y que nunca jamás debería haberse atrevido a denunciar y a filtrar a la prensa lo que sucedía. Aviso a navegantes: la omerta o la calle. Por cierto, ¿cuáles fueron las autenticas razones? Los menorquines se merecen conocer la verdad, y los enfermos oncológicos y sus familias más todavía. Además, el oncólogo habla un catalán de nivel C, D, F, G… Comprendo que su sueño de inaugurar el nuevo Son Dureta le obsesione, pero no pierda el tiempo y contrate cuanto antes a un nuevo oncólogo. Y, por favor, reconsidere el talud que pacificará el monasterio. Con lo que va a costarnos se pueden hacer la tira de residencias geriátricas y mejorar retributivamente a los médicos de la Primaria. Sí, ya sabe, a su ex compañeros.
El Dr. Lázaro nos habla de la OMC y no nos habla del colegio de Médicos de Baleares en el que él tiene experiencia. yo aquí le lanzo unas preguntas, estas son las siguientes: ¿para qué sirve el colegio? ¿es prescindible? ¿hemos de sostenerlo los médicos? ¿Urge la deconstruccion y un nuevo replanteamiento de la actual estructura del colegio?. ¿Es necesario rescatar contextos nuevos, dinámicos, con máxima operatividad, en los que el poder se asocie a la responsabilidad? ¿en el colegio el poder está en manos responsables?
Por su interés, copypasteo la genial aportación del colega Tragacanto en el foro de Simebal.
Recuerdo que cuando yo era niño mi padre tenía unos libritos de humor que se llamaban "La oficina siniestra". Contenían chistes gráficos ambientados en unas oficinas bastante sórdidas. Había en ellas altos directivos que celebraban juntas fumando grandes puros mientras se regodeaban de cómo explotaban a sus empleados. Había jefes déspotas, también con un puro entre los dedos, dedicados en cuerpo y alma a exprimir hasta los higadillos a los tristes empleados. Había, cómo no, los inevitables "pelotas", que siempre eran dibujados como individuos bajitos y con la espalda crónicamente flexionada, que evolucionaban alrededor de jefes y jefecillos cual satélites planetarios. Y por último estaba la legión de los oficinistas, de aspecto demacrado, con la nariz afilada, semblante cetrino y un perpetuo fonendo, perdón, digo lápiz, sujeto a la oreja. Aquellos chistes me hacían mucha gracia. Supongo que eran un medio de eludir la censura franquista y criticar la explotación.
El IBSALUT es nuestra Oficina Siniestra. Las situaciones que hace cuarenta años un humorista satirizaba en estos libritos aparecen fielmente replicadas en nuestros hospitales. Cambiemos directivos por gerentes, directores médicos y coordinadores. Cambiemos jefes de negociado por jefes de servicio. Los pelotas no hace falta que los cambiemos porque son iguales. Cambiemos el lápiz en la oreja por el sempiterno fonendo colgado del cuello. Dicen que muchas cosas han de cambiar para que todo siga igual, y es bien cierto. Y es que a veces la Naturaleza imita al cómic.