
¡Aupa el estrés posvacacional!
El catalogo de las ‘consumopatías psicosociales’ de esta sociedad anestesiada va a aumentar con la inclusión de otro malestar posmoderno que, a fuerza de publicitarlo, adquirirá por bendición mediática, social y sindical una categoría morbosa que no tiene ni merece. No estamos refiriendo al famoso y omnipresente estrés posvacacional (EPV). Ya hemos parido un nuevo estereotipo social. Algunos, en pleno ‘subidón’ metafísico, construccionista y confusional, lo han rebautizado, y le han dado el estatus de depresión posvacacional. Ello no debe extrañar a nadie, ya que la palabra depresión se ha descontextualizado, ninguneado y devaluado tanto que sirve igual para un barrido que para un fregado. Resultado: aumento de la secta hipocondríaca, saturación de las unidades de salud mental, y bulimia de libros de autoayuda y automedicaciones masivas de gin- seng y red bull.Urge, pues, ante tanto babelismo terminológico, desmitificarlo, delimitarlo y realizar una aproximación pedagógica que nos aclare el concepto. Uno no puede ir por la vida de cateto ignorando el temido EPV. Cada año, y así nos va la operación retorno, hay un overboking mediático que nos anticipa, de forma premonitoria, que al llegar a casa nos espera un feroz depredador mental llamado EPV. Conocemos sus síntomas y rezamos para que no estemos dentro del cinco o el veinte por ciento (?) de ciudadanos que lo padecen.
Existen seis criterios básicos, así que alégrese porque, si no los cumple, nunca podrá padecer EPV: no estar criando malvas, no ser fijo discontinuo, no estar en el paro, haber tenido vacaciones, no haber sucumbido en la operación retorno y tener amigos y familia con quien comentar todas estas vicisitudes. Ahora, en serio: es un cuadro adaptativo normal, muy leve, transitorio y reversible. No es una depresión, y en algunas personas es el chivato de situaciones previas y subyacentes como el mobbing y el burnout. Los principales síntomas son cefaleas, insomnio, irritabilidad, apatía, ansiedad y escasa concentración, entre otros, y si persisten durante más de dos semanas, o se agravan, que lo dudo, acudan al medico.Me temo que, al paso que vamos, en unos años el EPV se tratara con Prozac, será motivo de baja laboral, vendrá incluido en el convenio laboral, a algunos les facilitarán la invalidez y habrá una asociación que agrupe a los afectados. Es decir, habremos construido y medicalizado una nueva enfermedad mental. El estrés es muy ubicuo y polimorfo. Existen muchas tipologías: meteorológico, ecológico, del vacío, cósmico, climático, acústico, informático, del ‘pre-lunes’, el pre-vacacional, el vacacional, el de los hijos adolescentes, el de los okupas , el cívico por el desustanciamiento y estupidez política…
En otras palabras, al igual que ocurren en el supermercado, pueden elegir el estrés que quieran. Como es un proceso interactivo, ¡alégrense!, porque pueden diseñarlo y personalizarlo a su antojo. Ustedes le aportan su ADN y, además, lo pueden hasta ecologizar. Ahora bien, tengan cuidado, porque un buen estrés es más adictivo que el colesterol que proporcionan unos huevos fritos de corral con sobrasada.No renuncien al EPV. Reivindiquen el estrés más simpático y genuino que tenemos. Es un gran test de señalamiento psicosomático que revela el buen funcionamiento de su cerebro emocional. Vívalo intensamente. Nos hace más humanos y, si lo compartimos, también mñas solidarios .Disfrute comparándolo con el de sus amigos, y al más ‘guay’ es de justicia que le premien con un fin de semana largo que, a su vez, generará otro nuevo mini EPV.
Acumule y anote en su agenda todos los EPV que vaya teniendo. No se apresure. Planifíquelos. Por cierto, no contrate las vacaciones en una agencia que le garantice su correspondiente ración de EPV, y si no cumplen su palabra que le devuelvan el dinero. Yquienes prefieran no pasar por el EPV, que sean éticos y renuncien a sus vacaciones. Y tengan mucho cuidado para no contagiarlo a sus hijos, que en estas fechas se hallan inmersos en un auténtico y real estrés preescolar.Todavía nos quedan varios puentes antes de que finalice el año. No se corte, y saque ya los billetes. ¿Imaginan la posibilidad de afrontar dos o tres mini EPV hasta que llegue el síndrome navideño? Siesta diaria corta, rutina progresiva, inmersión laboral slow, no neurotizarse y más dosis de amistad y paciencia, ayudan. No lo olvide: la forma en que construye su EPV dice más de usted que la grafología. Al fin y al cabo, es el certificado Aenor de unas magnificas y desidealizadas vacaciones. Nunca renuncie al estético EPV: le servirá de coartada para incluirse todavía más en esta tribu social que estamos construyendo, y validará de forma acreditada que ha superado con éxito unas nuevas ‘vaca(fic)ciones’.