Érase una vez dos hermanas que, pese a sus íntimos lazos familiares, poco o nada tenían en común. Auna le gustaba jugar con muñecas; a la otra, con soldados; a una le encantaba aprender las recetas culinarias que le enseñaban sus padres; a la otra, la cocina le causaba repelús y huía de ella en cuanto podía; a una le fascinaba salir de compras para adquirir los mejores vestidos, y la otra se ponía la primera prenda que encontraba a mano sin reparar en si realzaba o no su silueta; una era blanca, y la otra negra; una era morena, y la otra rubia; a una le agradaba el cine, y a la otra la lectura; una quería mantener a toda costa el servicio de Hospitalación a Domilicio, y la otra pretendía cancelar esta prestación a pesar de no tener demasiado clara la alternativa resultante; una se llamaba Son Dureta, y la otra Son Llàtzer.Yes que pese a formar parte de la misma familia (la red asistencial pública de Baleares) las direcciones de ambos centros hospitalarios mantienen posturas absolutamente divergentes acerca de la conveniencia de seguir prestando este servicio. ¿Acaso la hospitalización a domicilio es positiva para los pacientes de Son Dureta, pero no para los de Son Llàtzer? Y si es así, ¿en qué criterios se basa esta aseveración? Que alguien lo explique, por favor. Los padres de las niñas, por ejemplo.