Son Espases se ha convertido en el hijo pródigo del actual Govern. Los partidos de izquierda que hace apenas un año despotricaban contra el proyecto del Ejecutivo del PP, ahora lo consideran poco menos que la niña de sus ojos, y a este paso la única actuación relevante que se acometerá a lo largo de una legislatura más que anodina. El presidente Antich escenificó su recién descubierto amor por Son Espases durante la visita de obras que realizó semanas atrás. Eso sí, los asesores de Antich, y del resto de políticos que acudieron a la cita se esforzaron en aconsejar a sus jefes que por nada del mundo pronunciaran la palabra maldita: Son Espases. Que hablaran del ‘nuevo Son Dureta’, del ‘futuro Son Dureta’, o del ‘centro hospitalario de referencia de la sanidad balear’. Pero Son Espases, ni mentarlo. Para el observador imparcial, no dejaba de resultar cómico el grado sumo de concentración que puso Antich en cada uno de sus parlamentos y declaraciones para que no se le fuera la lengua y pronunciara un nombre definitivamente condenado al ostracismo.