¡Quién le ha visto y quién le ve! Eberhard Grosske, antiguo paradigma de la resistencia izquierdista y paladín de las causas proletarias, tuvo que refugiarse en la seguridad de su coche oficial para huir de los improperios que le dirigían los trabajadores del Servicio de Ayuda a Domicilio concentrados el pasado jueves en la Plaça de Cort. La reconversión ideológica y política de Grosske está superando todos los parámetros previstos. ¿Ya no se acuerda el concejal del Bloc de cuando era él quien encabezaba estas concentraciones para censurar al político de turno? De hecho, si de alguna cuestión concreta se quejan los trabajadores del servicio, que comenzaron la semana anterior una huelga indefinida para reclamar la mejora de sus condiciones laborales y económicas, es del talante escasamente dialogante del primer teniente de alcalde, al que culpan de que el conflicto haya alcanzado el actual cariz. Grosske debería reflexionar sobre este cambio particularmente radical de trinchera que está protagonizando.