Una nueva entrega de las andanzas particulares de Panxeta. Las generaciones más antiguas, entre las que nos encontramos algunos de los que quincenalmente elaboramos este periódico, recordamos una serie norteamericana de los 70, de gran éxito en España, titulada ‘Mis adorables sobrinos’. Pues bien, también a Panxeta le ha caído en gracia un ‘sobrino’ de lo más adorable con el que mantiene múltiples puntos de conexión. Para empezar, ambos trabajan, indistintamente, en la medicina pública y la privada sin que conste que hayan solicitado el correspondiente permiso para hacerlo, pese a que dicha autorización resulta preceptiva en estos casos. Por otro lado, tanto Panxeta como su ‘sobrino’ compaginan su actividad asistencial en la sanidad balear, con la de gestión, aunque en este aspecto se diferencian por el horario: Panxeta trabaja como gestor durante la mañana, y por la tarde ejerce de médico, al margen de que ocasionalmente cambie ambos cometidos por el de guía turístico, como comentábamos en el número anterior de la Antesala. El ‘sobrino’ lo hace al reves: por la mañana realiza su labor como médico, y por la tarde se coloca el disfraz de gestor. Por último, tanto Panxeta como su ‘sobrino’ comparten la profunda animadversión que despiertan entre sus colaboradores y en la profesión médica, en general. Aambos se les echa en cara su prepotencia, su altivez y su inabarcable egolatría. Debe ser cosa de la genética, que reproduce determinadas características en los miembros de una misma ‘saga’ familiar. Yel ‘sobrino’, por cierto, entiende mucho de reproducción.