Más que de las fuentes de la sobria y precisa matemática, las estadísticas oficiales parecen proceder del ámbito del baile, y el propio John Travolta podría pasar perfectamente por su mentor y padre espiritual. Y es que, en cuestión de números, tanto da ocho como ochenta, y los datos parecen abonados al más puro travestismo. Durante estos pasados días se ha dado bombo y platillo a las cifras sobre la financiación sanitaria de Baleares, y el déficit que a este respecto arrastra nuestra Comunidad Autónoma. Sin entrar en el meollo del asunto, no deja de asombrar que informes supuestamente oficiales asignen a las islas un déficit superior a los tres mil euros per cápita, pero sin indicar a qué periodo concreto de tiempo corresponde esta proporción. ¿Un mes? ¿Un año? ¿Una década? De hecho, si nos inclinamos por la hipótesis más plausible, que es la de considerar que ese déficit de tres mil euros es el que corresponde a todo un ejercicio anual, tendremos que llegar a la conclusión de que la financiación per cápita contabilizada en Baleares es no solo escandalosa, sino merecedora de pena de destierro en galeras para quienes la hacen posible. Porque, vamos a ver, si diéramos por bueno el dato de que la financiación asignada es de algo más de mil euros de gasto sanitario por cada ciudadano censado en el archipiélago, el desfase presupuestario sería, entonces, insostenible, dado que el promedio equitativo debería llegar a los cuatro mil euros si se corrigiera el déficit de tres mil anteriormente mencionado. Son cifras que, realmente, no acaban de cuadrar.