
¿Qué tienen en común los tres insignes gobernantes citados en el titular de esta editorial? Para entenderlo, relatemos antes el siguiente episodio. En su reciente visita a Menorca para asistir a la presentación oficial del equipamiento sanitario de Atención Primaria construido en el edificio anexo al antiguo hospital Verge del Toro, el conseller de Salut, Vicenç Thomàs, no tuvo más remedio que referirse, a preguntas de los periodistas, a la polémica suscitada por la destitución del doctor Joan Carulla como coordinador de la Unidad de Oncología del hospital Mateu Orfila. Lógicamente, Thomàs no pudo negar que las asociaciones de pacientes de Menorca habían expresado su disconformidad con la actuación del Ib-Salut, y en concreto de su gerente en la isla, Antoni Gómez Arbona, presentando nada menos que 7.150 firmas propugnando la continuidad de Carulla en su puesto.
Sin embargo, el conseller realizó una particular e intrasferible interpretación de estas firmas, que en su opinión no representaban ningún apoyo explícito al especialista catalán, sino simplemente el deseo de los pacientes menorquines de contar con una medicina oncológica de calidad.
Esta interpretación, cuyo torticero planteamiento cae por su propio peso, es similar al que formularían, en una situación idéntica, el ex presidente de Cuba, Fidel Castro, o el de Venezuela, Hugo Chávez, por citar tan solo a dos de los numerosos políticos que durante las últimas décadas han ejercido, o mejor sería decir perpetrado, su acción de gobierno a base de autoritarismo y demagogia de la más baja estofa.
Porque si alguna característica distingue un régimen autoritario de otro democrático, es que en el primero los políticos interpretan, unilateralmente, la voluntad de los ciudadanos, mientras que en un sistema de representación el proceso es justo el inverso: son los ciudadanos quienes hacen saber, por distintas vías y maneras, al político, qué actuaciones deben acometer para asegurar la calidad de vida de la población y satisfacer sus necesidades.
Vicenç Thomàs se apunta, según parece, a las directrices de Castro y Chávez, y desprecia soberanamente las más elementales normas de la democracia, según las cuales los residentes en un determinado territorio no son súbditos, sino ciudadanos, y como tales se hallan investidos de autoridad respecto a sus propios designios, anhelos y expectativas. En una democracia, las firmas de los pacientes menorquines solicitando la continuidad de Joan Carulla al frente del área de Medicina Oncológica del Hospital Mateu Orfila, son precisamente eso, y no cabe ninguna otra interpretación más que la literal. En un sistema autoritario, en cambio, es el político quien se arroga el poder de interpretar a su conveniencia el sentido de esas firmas.
Por otra parte, la interpretación que Thomàs ha conferido a las rúbricas no puede resultar más ofensiva, en el sentido de que ofende la sensibilidad y la inteligencia de los ciudadanos a los que, supuestamente, debe administrar y representar. ¿Acaso ha descubierto la pólvora el conseller al afirmar que los enfermos oncológicos de Menorca precisan y requieren una asistencia de calidad? ¿Se le ha caído el pelo tras formular dicha aseveración? ¿Necesitaba 7.150 firmas para llegar a esta conclusión?
Porque, de ser así, habría que pensar que, antes de que esas firmas le fueran presentadas, la impresión de Thomàs era que los pacientes preferían una atención oncológica de poca calidad, y esta posibilidad no cabe en ninguna cabeza, ni siquiera en la del conseller.
Ya dicen que la democracia es el mejor sistema posible, pese a sus limitaciones. En el lamentable episodio de la destitución de Joan Carulla, hemos tenido un ejemplo manifiesto de las carencias del sistema, y que en realidad no son imputables al modelo en sí mismo, sino a la lectura interesada que hacen del mismo los políticos.
En otras palabras, para que la democracia funcione, es necesario disponer de políticos con verdadero talante democrático. Al fin y al cabo, también Hugo Chávez ocupa la jefatura del poder en Venezuela gracias a sus resultados electorales. Igual que Antich en Baleares, y sin pactos con otros partidos de por medio.