Los especialistas estiman que el 50 por ciento del tratamiento farmacológico que debe seguir un paciente con enfermedad renal que está en un programa de hemodiálisis no se cumple. Tal como asegura el doctor Rafael Pérez García, jefe del Servicio de Nefrología del Hospital Infanta Leonor de Madrid, esto es así “porque el paciente, con una edad media de cerca de 70 años, se cansa de tomar las pastillas o no tiene fe en sus resultados”.
El papel de la enfermería es fundamental para conseguir la adherencia a los fármacos y para supervisar otros aspectos fundamentales en estos enfermos como la dieta o el control de otros trastornos asociados como la anemia. Precisamente estos son algunos aspectos que aborda el Manual de Hemodiálisis para Enfermería que se presentó en Madrid.
“Hay que tener en cuenta -añade este experto- que un paciente con enfermedad renal avanzada y que necesita un tratamiento sustitutivo como la diálisis tiene que tomar una media de siete pastillas diarias, y eso es algo muy latoso y de lo que es frecuente que los pacientes se cansen o incluso se olviden”. De ahí la importancia de la labor de la enfermería para hacer un seguimiento del cumplimiento del tratamiento y solucionar las dudas que el paciente pueda tener en este sentido. Pero, además, en estos pacientes la dieta tiene un papel clave, por lo que la supervisión de la misma, de la mano de este personal, puede ayudarle a mantener una mejor calidad de vida. Las cifras hablan por sí solas del alcance de este apoyo de la enfermería: mientras hay una enfermera/o para cada 4-5 pacientes en hemodiálisis, en el caso de los nefrólogos se adjudica uno para 50-60 enfermos.
Y es que el paciente que ha llegado a esta situación es un enfermo complejo, que además tiene un elevado riesgo cardiovascular. El doctor Emilio González Parra, del servicio de Nefrología del Hospital Gómez Ulla de Madrid, recuerda la estrecha relación que hay entre ambos trastornos: “el 20 por ciento de los enfermos que son hipertensos tiene insuficiencia renal. Muchas veces el mal funcionamiento del riñón suele ser el primer síntoma de que hay una afectación vascular importante. Si además el paciente es diabético las posibilidades de sufrir un evento cardiovascular se multiplican”.
De hecho, este experto recuerda que muchos pacientes con insuficiencia renal avanzada no llegan a diálisis porque sufren un evento cardiovascular y fallecen. Por eso, recomienda a todos los pacientes con hipertensión y diabetes controlarse también la función renal, un objetivo en el que están trabajando muy intensamente los nefrólogos, dado que se estima que el 10% de la población padece este trastorno.
“La interrelación que hay entre todas estas variables hace muy importante que desde las primeras fases de la insuficiencia renal sea fundamental controlar aspectos como el tabaquismo, la dieta, con una restricción de sal, lípidos, etc.”, añade el doctor José Antonio Herrero Calvo, del Servicio de Nefrología del Hospital Universitario San Carlos de Madrid.
Este experto recuerda que otro de los trastornos que incrementa el riesgo de padecer un infarto o un evento cardiovascular es la anemia, que afecta a la mayoría de los pacientes en hemodiálisis y que se produce por el mismo deterioro del riñón, al dejar de producir eritropoyetina, una hormona encargada de estimular la producción de glóbulos rojos. Sin embargo, asegura que con los tratamientos disponibles en el mercado se consigue mantener los niveles de hemoglobina en los parámetros deseados. La anemia detectada y tratada precozmente deja de ser un problema. “De hecho, prácticamente todos los enfermos que llegan a hemodiálisis de forma programada lo hacen con la anemia tratada”, añade.
En este sentido, ha jugado un papel fundamental la aparición de Mircera, un estimulador continuo de la eritropoyesis que permite corregir la anemia con una sola dosis al mes en lugar de una, dos o tres inyecciones semanales que debían suministrarse con los fármacos de la generación anterior, lo que libera una cantidad considerable de tiempo a las enfermeras, que ahora pueden emplear en atender el resto de cuestiones que afectan a estos enfermos. De hecho, hace un año se realizó un estudio en doce centros de Alemania y Reino Unido, que cuantificaba el tiempo de trabajo que ahorraría a los enfermeros esta nueva dosificación del tratamiento. Según las estimaciones, estos profesionales reducirían a la mitad las jornadas laborales que dedican al manejo de la anemia, al pasar de entre 80 y 90 a 45.
Todos estos trastornos que más afectan a los pacientes en hemodiálisis son abordados en profundidad en el Manual que hoy se presenta y que, como explica el doctor Pérez García, supone un paso más con respecto a las guías ya existentes. “Este libro va más allá de los aspectos meramente técnicos de la hemodiálisis y ofrece un repaso integral de la problemática de estos pacientes, lo que confiere a la enfermera una visión muy cualitativa de todos los factores que hay que tener en cuenta para el correcto manejo de su enfermedad”, concluye el doctor Pérez García.
Lo estimado en pacientes renales, se ha observado también en pacientes crónicos o paliativos de cáncer.
En un estudio efectuado hace 5 años en una de las áreas de influencia del Hospital "Vall d'Hebrón", con 250.000 habitantes, los equipos de soporte domiciliario (PADES), detectaron que a pesar de disponer de cuidadores familiares y visitas periódicas, los pacientes sólo tomaban el 55% de las prescripciones de fármacos.