Salut i Força

Primer periódico de divulgación sanitaria independiente de las Islas Baleares

La renuncia de Carulla y el conseller experto en jugar al escondite.

La renuncia de Carulla y el conseller experto en jugar al escondite.
Editorial

Si alguna característica distingue al actual Govern autonómico es su profundo sectarismo. Desde una inexcusable ingenuidad había quien pensaba que el Ejecutivo presidido por Francesc Antich aprovecharía la segunda oportunidad que le han concedido los pactos tras la frustrante experiencia que arrancó en 1999 para no repetir los errores del pasado y poner en práctica una política con mayor calado institucional que priorizara, ante todo, el interés del ciudadano.

Es cierto que algunas equivocaciones se han subsanado y que, al menos, el Govern de Antich no le ha declarado, de momento, la guerra a los empresarios, si bien el conseller de Habitatge ya dejó asomar el otro día su demogagia pseudoproletaria acusando al presidente del desplomado Grupo Drach de ser un especulador poco menos que sin escrúpulos. Pero, en fin, no deja de ser esta una crítica a un empresario en concreto. Con el resto del tejido social y económico de las islas mantiene el Govern unas relaciones aceptables en las que mucho tiene que ver la buena labor que el conseller de Unió Mallorquina Francesc Buïls está realizando al frente de la cartera de turismo, verdadera espina dorsal de la economía insular.

Desgraciadamente, el ejemplo de Buïls no está siendo imitado por otros compañeros de gabinete, que siguen haciendo del sectarismo, el autoritarismo y la falta de cultura democrática su moneda de curso legal. ¡Y de qué manera!, deberíamos añadir, teniendo en cuenta que ese es precisamente el apellido de uno de los consellers más aficionados a este tipo de prácticas. Este es el caso de la Conselleria de Sanitat. Y decimos conselleria, y no conseller, porque, en efecto, este tipo de procedimientos no son tan solo imputables al titular del departamento, Vicenç Thomàs. El conseller se ha rodeado de un equipo que no le va ni mucho menos a la zaga a la hora de priorizar los intereses partidistas frente a las necesidades generales de la población balear.

Ahí está, sin ir más lejos, el caso de Menorca, donde el gerente del Ib-Salut en esta isla, Antoni Gómez Arbona, no se ha quedado tranquilo hasta que ha conseguido hacer realidad el que fue su principal propósito, o casi deberíamos decir despropósito, desde el primer día que tomó posesión del cargo: sacar fuera de escena al doctor Joan Carulla, hasta hace pocos días coordinador del departamento de Oncología del Hospital Mateu Orfila, de Maó.

En la noticia de portada del presente número de Salut i Força les ofrecemos una exhaustiva exposición de los acontecimientos que se han saldado no solo con la dimisión de Carulla, sino también con el desmantelamiento del área que hace dos años contribuyó a forjar este prestigioso médico catalán y que puso fin a las carencias que debían soportar los pacientes oncológicos de Menorca por la evidente insuficiencia de recursos humanos y técnicos en esta especialidad.

¿Cuál es el pecado de Carulla? Muy sencillo: el mismo que se le imputa a Miquel Ángel Nadal, defenestrado a las primeras de cambio como comentarista de Ib3; y el mismo que parece haber cometido el sobrino del ex futbolista, el segundo mejor tenista del mundo, Rafa Nadal, que acaba de hacer pública su ruptura de relaciones con el Govern, cansado de sufrir los desplantes del Ejecutivo de Antich. El pecado de todos ellos, y de muchos valiosos profesionales que han entrado de lleno en la lista negra del Pacte de Progrés, es que los contratos o compromisos que les unían al Govern procedían de la anterior legislatura. Es decir, de la legislatura del PP.

También esta publicación sanitaria podría ofrecer un seminario de varios días enumerando las cortapisas de las que ha sido objeto por parte de la actual Administración autonómica con el único argumento de que, para Antich y su corte celestial de consellers a su imagen y semejanza, o a su manera, por mejor decirlo, la disyuntiva es que o se está con ellos, o se está en su contra. No admiten un término medio, no soportan la crítica, no entienden que la libertad es el valor neurálgico de una democracia de calidad. Y, sobre todo, sienten repulsión hacia la independencia. Y esa independencia es la que ha propiciado el adiós de Joan Carulla.

Para el médico catalán no será complicado hallar un nuevo acomodo profesional. Su trayectoria y prestigio le avalan sobradamente. Sin embargo, su renuncia aboca a los pacientes oncológicos de Menorca a un horizonte de manifiesta incertidumbre. Tal como se explica en nuestro reportaje, de las cuatro plazas de oncólogos que el Ib- Salut tiene previstas en la isla, solo dos permanecen ahora mismo en una situación de actividad efectiva. Gómez Arbona debió haber considerado este extremo antes de declarar la guerra al doctor Carulla y obligarle a hacer las maletas. Y si él no era capaz de hacerlo, el conseller de Salut, Vicenç Thomàs, tuvo que haber tomado cartas en el asunto.

No lo hizo, claro, porque el escenario natural de Thomàs es el escondite. El conseller fue, seguramente, un gran experto en jugar a 'conions' durante sus años mozos, porque esconderse le va como anillo al dedo. Se escondió durante las negociaciones por la huelga de médicos, delegando en su mano derecha, Josep Pomar, toda la responsabilidad de alcanzar un acuerdo con los facultativos, mientras el conseller participaba en mítines electorales de su partido cantando las glorias excelsas de la política socialista que acaba de dejar a Menorca prácticamente sin servicio de oncología.

Y se ha vuelto a esconder ahora, permitiendo que su particular 'talibán' menorquín acabara de un plumazo con el excelente trabajo que habían realizado el doctor Carulla y su equipo. De los magníficos resultados de la labor que ha desarrollado Carulla en Menorca constituye una prueba fidedigna el hecho de que los propios pacientes de la isla le reclamaron que reconsiderase su decisión de dimitir. Y el oncólogo catalán, en un gesto que le honra, lo hizo. Estaba dispuesto a continuar en su puesto, al menos provisionalmente, para no dejar desprotegidos a sus pacientes. Pero Gómez Arbona fulminó las expectativas de los enfermos denegando la readmisión del médico. Ya puede el director del Ib-Salut en Menorca encontrar soluciones urgentes para enmendar el desastre que él mismo ha organizado, porque de no ser así el próximo que tendrá que poner pies en polvorosa será el propio Gómez Arbona.

comentarios

  1. Medicina?

    ¿Esta no es una revista de medicina? ¿A qué vienen comentaris políticos que pecan del mismo sectarismo en las maneras que denuncia? ¿Es de recibo este espameo contante en Balearweb? ¿No sería mejor llamar a la revista "Salud y vigor", ya que todo su contenido es en castellano?

    Manel | 22/06/2008, 16:08
  2. Sobre Menorca

    Lo de Menorca no es insularidad ... es derecho de pernada puro y duro. Y no sólo hay que taparse la boca, los ojos y los oidos. También hay que taparse la nariz.
    A ciertas personas de responsabilidad del Ibsalut las 8000 firmas recogidas le dan lo mismo. Se debe a su partido, y punto. A los pacientes, que les den. Es vergonzoso.

    WHPL | 26/06/2008, 20:58
  3. Sobre Oncología

    El caso de Carulla está originado por desavenencias personales. Lo que ocurrió es que gente que se la tenía jurada a Carulla aprovechó que la tortilla dio la vuelta en la últimas elecciones y que pusieron a un títere en la Gerencia. El anterior gerente respaldó a Carulla y el actual gerente es el títere del que quiso echar a Carulla. La política en este problema tiene que ver con el mal uso que algunos médicos metidos a políticos dan a su influencia.
    Carulla se enfrentó contra el "núcleo duro" del poder del hospital, con más o menos razón, el "núcleo duro" sentenció su condena y encargó al títere Gómez Arbona que la ejecutara, cosa que hizo fielmente. Luego alguno de los más altos responsables de la sentencia dijo en los periódicos "que él no tenía nada que ver", cuando es público que en ese hospital no se mueve un solo dedo sin su visto bueno.
    En este caso ha habido política, pero la política ha servido para que los caciques de siempre se quitaran de encima al gallo nuevo del gallinero.
    La reacción de los jefes de servicio fue tan unánime como esperable; todos haciendo piña con su gerente, faltaría más. Corporativismo, pensarían algunos.
    Las 160 firmas a favor del gerente se consiguieron pidiéndolas una a una. Si una antigua conocida te pide una firma, no se la vas a negar, aunque sea para defender a Gómez Arbona.
    Las firmas que más valor tienen son las más de 7000 de los pacientes. Firmas recogidas en mesas, con esfuerzo, y en un tiempo récord. Curiosamente, esas firmas son olímpicamente ignoradas por Gómez Arbona.
    Señor Gómez Arbona: una clínica privada se debe a sus accionistas, un hospital público se debe a sus usuarios. 7000 usuarios de la sanidad de Menorca le transmiten sus inquietudes, y usted pasa de ellas. Ejemplar. Usted hace más caso a lo que le dice una persona, a la que llamaremos MG que a 7000 pacientes.
    Yo creo que Gómez Arbona debe dimitir, pero no solo por lo de Oncología. Gómez Arbona no es un buen gerente. Gómez Arbona es el títere del que llamamos MG. Un gerente no puede ser el títere de nadie. Un gerente debe ejercer su autoridad de modo imparcial. Ante un caso de mobbing en el hospital, el gerente no puede decirle al médico acosado que deje de presentar escritos de protesta porque él, el gerente siempre va a estar del lado del jefe de servicio, que es el acosador, por una mera cuestión de jerarquía. Eso es lo que dice Gómez Arbona, y sólo eso ya lo inhabilita para ser un buen gerente.
    Un buen gerente ha de tener mano izquierda para arreglar problemas, y Gómez Arbona no la tiene. Gómez Arbona es excelente para obedecer las órdenes que le da aquel que llamamos MG, el mismo que luego dice en los periódicos que no tiene nada que ver.
    El hospital necesita un gerente nuevo, no significado políticamente, y profesional. Y que meta mano, servicio por servicio a las barbaridades que allí se hacen.

    O´Reilly | 29/06/2008, 00:45
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