Para iniciar el habitual recorrido de la Antesala hay que empezar dando nuestra más sentida enhorabuena a la Conselleria de Salut. De la mano de Vicenç Thomàs, la política sanitaria autonómica ha conseguido auparse hasta el liderato absoluto del Estado y ser la número 1 en todas y cada una de las facetas o vertientes que se analicen. Y para muestra un botón. Gracias a la gestión de Thomàs y su equipo, Baleares se ha convertido en líder indiscutible en gasto farmacéutico, gasto hospitalario, listas espera (¿cuándo dará a conocer el Govern las vergonzantes cifras oficiales, que constituyen un secreto a voces que la Administración se obstina en ocultar?), gasto informático (¡qué caros le salen los ordenadores a la Conselleria, por cierto!), conflictividad laboral y… agárrense que vienen curvas: también en derivación de pacientes de la red asistencial pública a la sanidad privada. Este último aspecto merece un comentario aparte, porque siguiendo su particular consigna de ‘donde dije Diego, digo Thomàs’, como se titulaba recientemente en una portada de Salut i Força, el insigne conseller de Salut está batiendo records mundiales en cuanto a derivación de usuarios a los hospitales privados olvidando que, durante sus tiempos en la oposición, criticó con singular vehemencia que el PP recurriera a esa misma fórmula. Eso sí: a los populares el sistema les funcionó, pero con el Govern del Pacte las listas de espera crecen como champiñones en un día lluvioso. En otras palabras, que Thomàs es como un bombero obligado a utilizar una manguera que no le gusta y que ve como ni siquiera así logra enderezar el rumbo de la calidad asistencial de la sanidad balear. Thomàs es un record guinnes sin igual, un bombero torero destinado a animar las más concurridas veladas verbeneras.