La grasa visceral o intra-abdominal representa uno de los principales problemas para las personas con obesidad, ya que es la que lleva asociadas un mayor número de enfermedades cardiovasculares como infartos o ictus.
Este tipo de localización es más frecuente en los varones que en las mujeres, ya que generalmente la obesidad en el sexo masculino presenta una forma androide o forma de manzana (cuando la grasa se acumula en la zona de la cintura) y en las mujeres una forma ginoidea o forma de pera (cuando la grasa se encuentra en caderas, glúteos y muslos).
Para concienciar a la población de los peligros que conlleva la acumulación de grasa visceral, los ponentes y participantes del 11th Mayo Clinic Endocrine Course se están sometiendo a un estudio para determinar su composición corporal y de esta forma valorar si se encuentran en unos parámetros saludables.
El análisis de la composición corporal ofrece una información complementaria al Índice de masa corporal, ya que determina la distribución de la grasa en las diferentes partes del cuerpo y por tanto el riesgo de sufrir determinadas enfermedades cardiovasculares.
Tener una cintura por encima de los valores normales aumenta entre dos y cuatro veces el riesgo de padecer alguna enfermedad cardiovascular. Se considera que los valores “normales” se sitúan en 102 centímetros para los hombres y 88 centímetros para las mujeres.
La obesidad una enfermedad extendidaSegún la última Encuesta Nacional de Salud, el 37,8% de las personas de más de 18 años tiene sobrepeso y el 15,6 padece obesidad, mientras que el 18,7% de los jóvenes de 2 a 17 años tiene sobrepeso y el 8,9% es obeso.
La obesidad es una enfermedad crónica y su aparición depende de muchos factores como son unos hábitos de vida poco saludables (mala alimentación y hacer poco ejercicio físico), pero también existen factores genéticos y orgánicos.
A parte del problema que de por sí representa la obesidad, los expertos advierten que los efectos más negativos se producen porque actúa como un agente que exagera y agrava a corto plazo, y de forma muy evidente, patologías graves como la diabetes, hipertensión, apnea del sueño, complicaciones cardiovasculares y, hasta algún tipo de cáncer como los gastrointestinales. Todas estas patologías asociadas reducen significativamente la esperanza de vida.