
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha aprobado el uso en España de Orencia® (abatacept) en combinación con metrotexato para el tratamiento de la artritis reumatoide activa, de moderada a grave, en pacientes adultos que no han mostrado una respuesta adecuada o que tengan problemas de tolerancia a los tratamientos disponibles hasta el momento. En los ensayos clínicos publicados hasta la fecha, abatacept ha mostrado su eficacia a largo plazo tanto para reducir los síntomas y signos de la enfermedad como para prevenir el daño de las articulaciones. El resultado es que el paciente tratado con abatacept mejora su función física y puede recuperar su actividad habitual.
Una nueva esperanza se abre para los pacientes de artritis reumatoide que no responden a los tratamientos previos. Se trata de Orencia® (abatacept), la primera proteína de fusión de origen completamente humano que actúa modulando la activación de los linfocitos T y que se ha demostrado eficaz allí donde otros medicamentos biológicos han fracasado.
Para entender la importancia de este fármaco es preciso acercarse previamente a la realidad de las personas que padecen artritis reumatoide, una enfermedad autoinmune -de la que no se conoce con exactitud su causa- que provoca inflamación y deterioro en las articulaciones y que puede llegar a producir la invalidez del paciente. “La artritis reumatoide disminuye la calidad de vida, la función física de quienes la sufren y también su supervivencia –explica el doctor Juan Gómez-Reino, jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Clínico de Santiago de Compostela-. Sin embargo, cuando se trata adecuadamente, todos esos parámetros mejoran. Por lo tanto, disponer de un nuevo medicamento que es eficaz cuando los otros no lo son supone un logro importante, en cuanto a que podemos ofrecer mejor calidad de vida, mejorar su función física y una mayor supervivencia a los pacientes”.
En España, se calcula que hay entre 200.000 y 250.000 personas afectadas de artritis reumatoide (un 0,5% de la población). Por causas que se desconocen –aunque se sabe que entre los factores asociados a la enfermedad hay factores genéticos y hormonales-, es una patología que predomina en las mujeres en una proporción de tres casos a uno. La incapacidad laboral en los pacientes con artritis reumatoide ocurre en el 25% de los pacientes que llevan 6 años enfermos y en el 50% de quienes arrastran más de 10 años de enfermedad. El 90% de los pacientes con artritis reumatoide sufrieron una disminución de su sueldo, de la independencia social y pudieron disfrutar menos de las actividades relacionadas con el ocio.
Aunque la artritis reumatoide es una enfermedad que actualmente no tiene cura, con los tratamientos disponibles puede llegar a controlarse. Tradicionalmente se han utilizado medicamentos que mitigan el dolor y fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME), que detienen la progresión del daño en las articulaciones. Se calcula que alrededor del 70% de los pacientes con artritis reumatoide mantienen la enfermedad bajo control con los FAME no biológicos, de los que metotrexato es el más utilizado.
Pero hay aproximadamente un 30% de enfermos en los que los FAME clásicos no son eficaces, y para muchos de esos pacientes la llegada a comienzos del siglo XXI de los primeros FAME biológicos (infliximab, etanercept y adalimumab) supuso una auténtica revolución. “Los fármacos biológicos han tenido un claro impacto de esperanza –asegura el doctor Federico Navarro, jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Virgen Macarena de Sevilla-. Hasta su aparición, los resultados eran un poco decepcionantes: en el mejor de los casos, se conseguía retrasar algo la progresión de la enfermedad, pero finalmente se producía el deterioro y los pacientes terminaban necesitando prótesis. Ahora nos encontramos con fármacos que, además de controlar los síntomas, el dolor y la inflamación, también son capaces de prevenir la incapacidad y el daño estructural. Y esto es un avance muy considerable porque el daño estructural va relacionado con la capacidad que tiene el individuo para hacer sus tareas y su trabajo”.
Ahora bien, pese a los buenos resultados obtenidos con los FAME biológicos de primera generación, se ha observado que hay una gran proporción de pacientes que no responden o que, al cabo del tiempo, han visto como los tratamientos perdían eficacia gradualmente. Por tanto, era necesario encontrar un nuevo medicamento que no sólo mejorara los síntomas y frenara el daño en las articulaciones, sino que además mantuviera a largo plazo estos resultados. De ahí la importancia de Orencia®, el primer medicamento biológico íntegramente desarrollado por Bristol-Myers Squibb.
Mecanismo de acción innovadorDos son las características que hacen de Orencia® un medicamento diferente en el tratamiento de la artritis reumatoide. En primer lugar, su mecanismo de acción: mientras los FAME biológicos de primera generación actúan sobre la misma diana terapéutica –el factor de necrosis tumoral, TNF, de ahí que se denominen medicamentos “antiTNF”-, abatacept es el primer fármaco selectivo que actúa modulando el funcionamiento de los linfocitos T (las células del sistema inmune que se encuentran al principio de la cadena de acontecimientos inflamatorios que conducen a la artritis reumatoide).
“Los linfocitos T son importantes en el desarrollo de esta enfermedad, primero, por su efecto directo sobre la articulación y, luego, porque regulan otras células que actúan sobre la articulación. Por tanto, si modulamos los linfocitos T, modulamos tanto sus efectos directos, como los producidos a través de otras células”, añade el doctor Juan Gómez-Reino.
“Hasta el momento” -continúa el doctor Navarro- “disponíamos de fármacos dirigidos a controlar una molécula específica, como es el TNF o la interleuquina 1, que tienen una implicación importante en la génesis del daño a las articulaciones. Pero abatacept es una molécula dirigida a controlar el proceso inicial de la artritis reumatoide: sabemos que para que se ponga en marcha la enfermedad es preciso que se active una célula determinada, el linfocito T. Pues bien, este medicamento lo que hace es impedir su activación y, en consecuencia, que se ponga en marcha toda la cascada inflamatoria”.