
Los expertos lo confirman: el estrés es ya un factor de riesgo más para el desarrollo de la hipertensión arterial. Según la doctora Natividad Crespo, doctora en Psicología, “el estrés ya cuenta, junto a otros como la obesidad, la excesiva ingesta de sal o el sedentarismo, como una situación más de riesgo para el desarrollo y mantenimiento de la hipertensión,”. Y es que, el ritmo de vida de determinadas personas puede ser un condicionante claro para el aumento de las cifras de presión arterial.
"La actividad laboral –de hecho- se asocia al incremento en los valores medios de presión arterial. Así, diversos estudios señalan que las personas que tienen trabajos denominados –estresantes- cuentan con niveles más elevados de presión arterial y, por tanto, un mayor riesgo de padecer hipertensión en comparación con los que tienen trabajos más relajados”, explica la doctora Crespo, durante el taller de trabajo sobre ‘Estrategias básicas para la prevención y el manejo del estrés’ durante la 7ª Reunión de Enfermería de Hipertensión y Riesgo Cardiovascular (EHRICA), que está teniendo lugar estos días en el marco de la 13ª Reunión Nacional de la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA).
El estrés es una activación psicofisiológica del organismo ante demandas o exigencias ambientales que valoramos como amenazantes o desbordantes. Cuando se mantiene un nivel elevado y continuado de estrés en las actividades cotidianas, puede tener repercusiones en el organismo a través de diferentes trastornos, a nivel cardiovascular, gastrointestinal, respiratorio, muscular o dermatológico, entre otros.
Aunque, en general, el estrés puede afectar a cualquier persona, “la respuesta a este depende de los aspectos individuales de cada individuo”, asegura la experta. Y añade, “existen factores, como la valoración de amenaza que la situación representa para cada individuo, la presencia o no de antecedentes familiares de hipertensión arterial y la existencia de diferencias en la reactividad cardiovascular y nerviosa simpática, que van a ser determinantes para valorar el alcance del estrés en cada sujeto”, explica la doctora Crespo.