Salut i Força

Primer periódico de divulgación sanitaria independiente de las Islas Baleares

Nuevos horizontes en la política balear

Nuevos horizontes en la política balear
Editorial

Los resultados de las elecciones generales del pasado 9 de marzo han influido, y mucho, en la conformación del nuevo panorama político balear. Para empezar, Francesc Antich puede sentirse tranquilo respecto a las expectativas secesionistas de sus socios de gobierno. Todos ellos, sin excepción, se la han tenido que envainar, como quien dice, y ahora mismo se sienten acorralados en un callejón de improbable salida y con el ‘miura’ socialista amenazando con despedazarles a la menor oportunidad. Mucho deben lamentar en el Bloc no haber aprovechado la oportunidad histórica que tuvieron hace meses de desmarcarse del PSIB-PSOE con ocasión de la reanudación de las obras de construcción del futuro hospital de referencia de Baleares, en los terrenos de Son Espases. El Bloc quiso estar en misa y repicando, es decir, oponiéndose a una decisión del Govern del que forma parte, pero a su vez seguir prestando apoyo político a ese mismo Ejecutivo. Y las cosas que no pueden ser, además, resulta que son imposibles. En estos momentos, el Bloc, y con él todas las alternativas políticas situadas a la izquierda de los socialistas, se diluyen como un azucarillo y las consecuencias pueden resultar devastadoras para sus intereses en la próxima cita electoral.

El PSIB-PSOE, en cambio, vive su mejor coyuntura en Baleares desde hace dos décadas. No en vano, por primera vez en 21 años, ha conseguido obtener más votos que la fuerza política que hasta ahora había mantenido una absoluta hegemonía en las islas, y ello con Antoni Garcias como cabeza de cartel, circunstancia que atesora un mérito indiscutible. Las consecuencias, de todas maneras, van más allá de la pérdida progresiva de protagonismo de los partidos minoritarios. Porque también el PP está condenado a atravesar un largo páramo desértico, de impredecibles efectos. Tan tranquilo y sosegado se siente Antich en su posición de plácido liderazgo, que incluso ha aparcado el cambio de caras en su Govern que tenía programado si las urnas hubieran arrojado otro tipo de resultado.

De ello se ha beneficiado el conseller de Salut, Vicenç Thomàs, que era uno de los nombres puestos en la picota en caso de debacle electoral. Claro que, mirándolo bien, puede que la sanidad balear haya salido ganado, porque el recambio que se barajaba para ocupar la silla de Thomàs era nada menos que la actual consellera de Interior, María Ángeles Leciñena, la misma que organizó un verdadero tornado político y social cuando otro tornado, en este caso meteorológico, arrasó la capital de las islas, el pasado mes de octubre.

De todas maneras, que el remedio fuera peor que la enfermedad, no esconde que la gestión de Thomàs está decepcionando incluso a sus partidarios. Su actuación en la reciente huelga de médicos ha sido, pura y simplemente, autista. Thomàs ha permitido que sus subordinados se apropiaran del papel de representación e interlocución que le correspondía como máximo responsable de la política sanitaria autonómica. A Thomàs le ha salvado la campana de las elecciones, pero ¿quién salvará a los ciudadanos de la torpe gestión de un conseller cuya nueva ocurrencia consiste en cerrar los quirófanos del Hospital General?

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