
Cuando se instauró en Palma, y en otras muchas ciudades, el denominado Día del Espectador, coincidiendo generalmente con los lunes, la asistencia a las salas cinematográficas aumentó progresivamente ese día de la semana, y disminuyó de manera drástica en el resto de jornadas laborables. Lógicamente, en ello tenía mucho que ver el abaratamiento del precio de la entrada, pero también un factor psicológico que una conversación cazada al vuelo en un autobús palmesano se encarga de clarificar a la perfección. Dos muchachas adolescentes que viajaban en ese autobús hacían planes para pasar la tarde y, de pronto, una de ellas propuso que ir al cine constituiría una alternativa plausible. Su amiga estuvo de acuerdo, y de hecho reconoció que se moría de ganas de asistir al pase de una película. Sin embargo, no podía ser. ¿Por qué? La chica lo dejó muy claro: hoy no es lunes. Las explicaciones que hasta ahora ha ofrecido el Govern para justificar el cierre de los quirófanos del Hospital General se parecen a la argumentación de la chica que sentía unas ganas incontenibles de ir al cine, pero que renunciaba a esta posibilidad porque no era el día de la semana que correspondía. La lógica indica que los quirófanos que el Govern pretende clausurar inciden positivamente en la reducción de las listas de espera. El sentido común plantea la inconveniencia de dejar sin servicio unos recursos sanitarios pagados con el dinero de todos los ciudadanos y que, dada su reciente construcción, todavía no han sido, ni mucho menos, amortizados. Y, finalmente, la coherencia sostiene que no puede dejarse a Son Dureta, Son Llàtzer y el resto de hospitales públicos al pie de los caballos, obligándoles a asumir una demanda que agravará todavía más la saturación que padecen. Eso dicen la lógica, el sentido común y la coherencia. ¿Qué dice el Govern? Pues que hay que cerrar los quirófanos del General porque lo dice el Plan Estratégico. O sea, porque hoy es lunes.